lunes, 20 de diciembre de 2010

Lamentos y reflexiones de una gordita renegada


Me pasó algo curioso hace unas semanas. Como siempre que veo a una parte de mi familia (con la que me llevo muy bien, y no es sarcasmo) salió a flote el tema de que había bajado mucho, de que estaba muy delgada, de que si usaba la talla 36.

Eso derivó a: "entonces no usabas la 40 por complexión, la usabas porque estabas gordita", y eso derivó, cuando la cosa ya se pasó de mambo, a recuerdos de "la única forma de hacerte llorar cuando éramos pequeños era llamarte gorda", y eso derivó a "qué gorda estabas, gorda gorda gorda", cosa que yo corté diciendo algo como "al menos lo mío es el pasado, no mi proyección de futuro", repartiendo para quien se diese por aludido, y ahí se pasó a otro tema.

Obviamente a nadie le importó una mierda esa conversación, supongo que no lo estaban haciendo por lastimarme, porque objetivamente nunca he estado gorda, sino más bien rellenita en algún momento (usar una talla 40 si mides 1'65 no es ser una bola), así que nadie lo ve como un insulto. Salvo yo, claro. Cuando todo el mundo ya se había olvidado del tema, yo seguía aguantándome las ganas de llorar. Creo que llevaba años sin sentirme tan atacada (porque yo desde mi poca autoestima lo sentí todo como un ataque), me sentí la última mierda del mundo y la verdad es que me sentí igual de gorda ahora con 51 kilos que entonces, a los 9 años, a los 13, a los 16.

No tolero nada bien las críticas, mucho menos las burlas, las más tontas, aunque sean bien intencionadas. Sé de sobra que lo que se cuece allí no es burla, es preocupación, que media hora después alguien me estaba mirando con cara de espanto porque se me ven los huesos de la cadera y me decía "estás demasiado delgada". Casualmente el mismo que me llamaba gorda cuando ambos éramos pequeños.

Lo que sí me ha quedado claro es que no puedo, bajo ningún concepto, dejarme llevar como antes. Y no porque no se rían de mí, porque está claro que reírse, se reirían igual con cualquier otra cosa, o incluso recordando el pasado, sino porque al menos ahora, aunque mi primer impulso sea sentirme fatal y obesa, me queda la parte racional que me dice "eh, que no es cierto". Si engordase, esa vocecita desaparecería, porque realmente estaría gorda, y entonces no habría consuelo. No sé si esto tiene sentido, pero vamos, que no puede ser. O aprendo a quererme más o a controlarme, y se me da mejor lo segundo, porque lo primero lo veo bastante imposible.

En cuanto a la entrada anterior... bueno, nada nuevo. Simplemente me pasé la semana comiendo como una desgraciada, mi culo se convirtió en un cementerio de alfajores y chocolatinas, y esa noche cené muchísimo, con lo cual me acojoné, me llamé de todo, me odié, escribí la entrada, me lamí las heridas y me fui a dormir. Afortunadamente ya lo he arreglado y vuelvo a pesar 51,3. Si consigo no beber refrescos estos días (cosa que me parece absurdamente difícil) a lo mejor hasta me deshincho un poco y consigo ver el glorioso 50, quién sabe.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Fracasos



La meta, cualquiera que sea, se divisa a lo lejos un buen día.

Un paso hacia delante significa triunfo.

Un paso hacia atrás (cien hacia atrás) significa fracaso.

Así de lógico, así de simple...

Pero duele afrontar las consecuencias de los actos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Preparativos



No me gusta mucho escribir entradas vacías. Cuando abro el blog y siento que no tengo nada realmente interesante que contar, ninguna reflexión que ofreceros o ninguna paranoia descomunal que no me deja dormir, vuelvo a cerrarlo y espero a que tarde o temprano se encienda la chispa en mi cabeza. Sin embargo, me parece que llevo muchos días sin dar señales de vida, y quizá si alguna se acuerda de mí haya llegado a preguntarse: "pero y esta mujer, ¿dónde se mete? ¿por qué no está visitando mi blog, echándome la bronca?, con lo que le gusta".

Pues bueno, aquí estoy. No echándoos la bronca por nada (de momento al menos, jaja), pero sí viva y de pie. Más bien, sentada, pero bueno, eso no importa.

Mi peso oscila de forma extraña, he tenido la regla esta semana, me ha durado bastante más de lo habitual, y estoy esperando a ver si hoy por fin se ha acabado o me quedan aún unas horas. De ello depende que me vuelva loca, o no. Os explico: durante la regla al levantarme pesaba 52, 51 y siete, 51 y medio, 51.200... ¿reteniendo líquidos? Eso tendría que significar que en cuanto me marchase la regla pudiese asomar incluso el 50, pero hoy me he levantado, me he pesado, y peso 51.8 aprox. ¿Alguien entiende por qué? Se supone que al ser el último día de regla, si no es que se me acabó del todo, debería pesar mucho menos, no más. Pero bueno, misterios de la femineidad, supongo... si mañana sigo tirando hacia los 52 más que los 51, me enfadaré. Mucho.

Como veis, continúan mis planes maquiavélicos para Fin de Año. Tengo planeado el peso (estoy trabajando en conseguirlo, la parte difícil), tengo el vestido, tengo los zapatos, las medias, me echo crema tonificante en las piernas todas las noches, he fichado el maquillaje, la base, y el peinado... ¡incluso una cámara de fotos nueva -antes usaba el móvil!. Nunca me había preparado con tanta antelación, de hecho, siempre me preparaba esa misma noche con lo que tuviese a mano, pero este año me apetece hacerlo diferente y lucirme tanto como pueda. Quién sabe si después me dará la neura y el año que viene pesaré el doble de lo que peso ahora, jaja. Habrá que aprovechar.

Por cierto, que sepáis que la que os escribe lleva ahora mismo unas pintas que ni Lady Gaga de resaca: una camiseta con un dibujo de baloncesto, un pantalón de pijama viejísimo largo, pero subido hasta las rodillas, medias negras de licra hasta donde acaba el pantalón, y los zapatos de Fin de Año con un tacón de 12 centímetros. Vamos, que como me los compré el otro día los estoy poniendo a prueba... a ellos y a mí, que no estoy acostumbrada a usar tacones tan altos. Me sacaría una foto pero la vergüenza me impediría enseñársela a nadie...

Que, hablando de fotos, pienso sacarme muchas con el vestido y antes de La Noche también. Quería que vieseis el atuendo antes de ponérmelo como definitivo y me dieseis vuestra opinión, pero sincera, ¿eh? que de nada me vale ir fea o con algo que no me favorezca. Pero bueno, ya os enteraréis cuando lo haga.

Un beso a todas, os leo en vuestros blogs.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Almuerzo




Me desperté a las siete de la mañana, desayuné a las ocho, me muero de hambre. Me apetece desesperadamente pechuga de pollo, aunque sea al microondas. Y es extraño, porque la como bastante a menudo (es fácil de preparar, es carne y de lo más bajito en calorías), pero me comería un buen filete ahora mismo, con las manos de ser necesario. Son las doce del mediodía pero no podré comer hasta las tres o cuatro, y la verdad, me está dando paranoia hacer una parada para almorzar y calmar el agujero negro en mi estómago. La Coca-Cola Light ayuda, pero no es milagrosa, y llevo unos días comiendo fatal por culpa de una semana bastante ajetreada y muchos compromisos con familia y amigos (comida, comida, comida -y de la mala).

Estoy preocupada por culpa de esto, y porque ya falta poco para Noche Vieja. Me he prohibido absolutamente bajo ningún concepto en el mundo subir un sólo gramo, como mínimo mantenerme en 52 kgs., y de momento parece que lo estoy cumpliendo... pero lo que me jode es que cuando ya había visto por fin el 51 en la báscula, me tuve que poner hasta el culo de Red Bulls, Coca-Colas, pizzas y chocolates y demás, y ahora ya no sé si es que volví a engordar hasta 52, si estoy hinchada con tantos refrescos y comida basura, si es por no dormir, si me va a bajar la regla, si me peso en los momentos equivocados del día. Quería pesar 50 kgs. el 1 de enero del 2011, pero no sé si será posible.

Soy muy cabezota, y llevo todo el 2010 obsesionada con mi peso, así que me pareció buena idea llegar al límite y acabar con esto de una vez, pero sé que si me pongo una fecha límite para bajar hasta X, estaría cometiendo un error. La cuestión es: ¿cometerlo o actuar como una persona racional e inteligente que sabe lo que hace? Aún no lo he decidido, ni sé si podré decidirlo realmente.

Sí, soy Doña Control No Tengo Un Problema, soy Doña Como Todos Los Días Y Bajo De Peso, soy Doña Estoy Delgada Porque Tengo Gastritis, soy Doña Los Más Adecuados Consejos A Las Pobres Anoréxicas, soy Doña Haz Esto Haz Lo Otro Cuida Tu Salud Dieta Equilibrada No Ayunes, soy Doña Sigo Pesando Lo Mismo Aunque Tú Me Veas Más Delgada, soy Doña Pómulos Sobresalientes, Doña Manos Heladas, Doña ¿Y Si Vomito?, Doña Seguro Que Cuando Pese Tres Kilos Menos Pararé Y Todo Irá Mejor.

No sé qué me da miedo, no sé si debería aconsejaros cuando yo quizá estoy haciéndolo mal, no sé si es que estoy paranoica, si soy una exagerada, no sé si es bueno creer que estoy bien y que no estoy enferma, a lo mejor estoy siendo demasiado alarmista cuando digo estas cosas, a lo mejor es normal creer que estoy perfectamente porque estoy perfectamente, a lo mejor es que antes estaba más obsesionada y ahora se me ha pasado y por eso ya no siento el peligro inminente, o a lo mejor es que he acallado el sentido común con una patada en la boca y por eso ya no puede hablarme ni advertirme de lo que hago mal.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Felicidad




Creo que es la primera vez, o una de las poquísimas veces, que escribo una entrada porque estoy felizmente eufórica. Y quizá el día no empezó nada bien: me levanté temprano para que el autobús no pasara hasta media hora más tarde, de modo que perdí el tren y tuve que ir al dentista en otro, con lo cual llegué tardísimo a mi destino y tuve que almorzar de camino a la clínica, a toda máquina, además de que empezaba a chispear.

Pero de repente:

Mirando ropa, porque sí y sin intenciones reales de comprar nada, encontré el vestido perfecto para Fin de año, un vestido rojo pasión, muy cortito y ceñido, porque nunca me puse un vestido así antes y ya va siendo hora de que después de tanto sufrir con la dieta pueda lucir algo de lo que tanto me ha costado. Siempre me he vestido muy clásica, preferentemente al estilo de las primeras décadas del XX, con vestiditos preciosos en blanco y negro, recatados y muy finos. Y este año me apetecía cambiar eso también, como el resto de las cosas, así que... lo dicho, rojo rojísimo (un color que me sienta muy bien), super corto y super ceñido. Y lo mejor, ¿sabéis por qué estaba rebajado?... ¡porque sólo quedaba una talla!

¡La talla XS!

A primera vista me encantó el modelo y me desilusioné muchísimo cuando vi que era tan pequeño, pero me gustaba tanto que decidí probármelo pese a mis escasas ilusiones, y... Dios mío, ¡me sirve! ¡me queda como un guante y es una puta XS! Aún no puedo creérmelo, creo que acabaré enmarcando la etiqueta y poniendo un altar a sus pies. Ni en mis sueños habría podido esperar calzarme un vestido de la XS (de una tienda de tallas estándar, de las de Amancio, vamos)... las S ya me quedaban justitas la última vez y no creí que fuese a ocurrir el milagro de las Navidades tan pronto. Pero vamos, que sí, y que estoy encantada.

Y por cierto, que de una L he pasado a una XS en menos de un año... y COMIENDO. No he ayunado ni una vez. He hecho cinco o mínimo 3 comidas al día, todos los días. No soy una santa y reconozco que muchas veces me comido menos calorías de las que necesitaba, pero siempre controlando y juraría que no he bajado de las 500 por día. Ahí lo dejo...

Otros sucesos alentadores fueron, por ejemplo, que me fue genial en el dentista y por fin acabé con la muela del demonio, al menos de momento. No me tuvieron que anestesiar, ni nada, porque lo que me hacía no dolía, aunque sí me dio algo de grima, pero bueno... no me duele NADA y ya no tengo un agujero en la muela... ¡Bien!

Y por último pero no menos importante: he hablado con mi padre. Pretendía decirle que quería recobrar mi relación anterior con él, que le echaba de menos, que quería que siguiese siendo mi padre y que tenía miedo de que por todo el lío que se armó con el asunto de mi madre y su novia (también conocida como mi nueva madrastra), no me quisiese más, o que creyese que sólo quedaba con él para que me diese dinero. Pues bien, me atreví y se lo dije. Le dije todo eso y quedamos al borde de las lágrimas los dos en medio de la cafetería, de hecho, se quedó conmigo mucho más tiempo del que se queda normalmente, porque le dije también que nunca nos veíamos y que si nos veíamos era sólo un ratito, y que lo necesitaba como padre, pese a todo lo que pasó, que seguía siendo mi padre y que lo quería igual y no podía perderlo. Me costó muchísimo decirlo, soy muy reacia a decir lo que siento o lo que pienso, pero no tenía nada que perder...

Y funcionó.

Me pidió perdón si alguna vez me dio a entender que ya no me quería como antes, que siempre fui su hija más mimada y que seguía siendo así, que siempre me había querido igual y que eso no cambiaría. Que pasaría más tiempo conmigo, que él también me echaba de menos y que le alegraba muchísimo que le hubiese dicho esas cosas. Que no eran una tontería (empecé a soltar todo eso con "tengo que decirte algo, es una tontería, pero..."), que eran cosas importantísimas y que sentía mucho si me hizo daño con todo lo que pasó de aquí a unos años atrás. Después me llevó a la estación de tren, y nos despedimos con un abrazo como hace tiempo no nos dábamos. En el tren, hice esfuerzos por no llorar y me puse a leer, conseguí evadirme al menos por un rato de toda la tensión acumulada. Sin embargo, de vez en cuando se me escapaba un pensamiento que me decía algo así como "menos mal que lo hiciste, cualquier cosa podría haber pasado y te habrías quedado con las ganas de hablar, que la vida es corta y frágil..."

Y eso, que al final resulta que fue un gran día. Gracias a todas por los ánimos que me habéis dado, sobre todo con respecto a este último punto con mi padre, me han ayudado a atreverme.