martes, 30 de noviembre de 2010

Nostalgias



Me he dicho a mí misma que hoy tenía que actualizar el blog, que ya lleva una semana igual, y como no tengo mucho que contar (o a mí no me lo parece), se me ha ocurrido hablaros un poquito de mí de una forma un tanto peculiar: presentándoos a algunos de mis personajes de dibujos favoritos a lo largo de mi vida.

Supongo que muchas de vosotras habéis leído por ahí, o incluso os habréis sumado, a la iniciativa que se extendió vía Facebook consistente en poner como tu foto de perfil a algún personaje de las series, dibujos o juguetes de tu infancia. A mí me ha costado elegir a uno solo, y tampoco es cuestión de cambiar de foto todos los días, así que he pensado rendir un homenaje a mis recuerdos en mi blog. A ver cuántos os suenan, y en cuáles coincidís conmigo. Si os apetece, también podéis hacer una entrada sobre esto en vuestros blogs, como si fuese un meme, vamos ;). Intentaré hacerlo más o menos por orden de descubrimiento...

Y os presento a:

Penélope Glamour, que me encantaba de pequeña. ¿Por qué?, porque era guapa, femenina y rubia. Sí, de pequeña me encantaban las rubias... supongo que porque yo era rubia y me sentía identificada o algo así. Después el pelo se me oscureció... pero ya hablaremos de ello.

Buggs Bunny, porque era un cabronazo, ni más ni menos. Posteriormente incluso Lola Bunny, su alter ego femenina... supongo que porque era como él pero en chica.

Félix el gato, porque tenía un bolso mágico que se transformaba en cualquier cosa, y porque era un gato. Adoro a los gatos.

Tom y Jerry. No podría elegir cuál de los dos me gusta más...

Pepe Le Pew, ¡me tenía enamorada! Mira que era pesado...

Angélica Pickles, de Rugrats, porque era mala, marimandona, manipuladora y caprichosa y tenía un gato persa blanco, una habitación enorme llena de juguetes, galletas siempre que quería. Era la jefa absoluta.

Sailor Moon, la protagonista del primer anime que vi. Me gustaban sus coletas larguísimas, su traje, su gata parlante, sus poderes... aunque también me gustaba mucho Sailor Venus (ahora la prefiero a ella), básicamente porque era guapísima y estaba como una cabra, además de que anteriormente había sido Sailor V (guerrera antes que ninguna), luchando sola y... ¡tenía su propio gato! A estas alturas de mi vida, me fastidiaba un poco que todas las heroínas de los dibujos fuesen rubias, porque mi pelo se estaba oscureciendo y ahora era del castaño claro que me quedaría para siempre.

Misty, de Pokémon... porque era la única chica del grupo protagonista, porque, ¡milagro!, no era rubia, porque era una pesada pero en el fondo era graciosa, y porque tenía a Togepi y siempre me gustaron su Horsea y su Starmie.

Hikari Yagami, de Digimon, porque tenía al mejor Digimon de todos y porque aun siendo pequeña le echaba un par de huevos...

T.K., de Digimon, porque era el más pequeñito de la serie y era monísimo.

Sakura, de Cardcaptor Sakura, mi anime favorito. Me gustaba porque no era rubia, de hecho, tenía el pelo castaño (algo que no había encontrado en el anime nunca antes), y porque era tan buena que me daban ganas de pegarle para que espabilara. Bueno, eso más ahora que antes. Y supongo que también se ganó mis respetos por enamorar a...

Shaoran, de la misma serie. Y si me pusiese a enumerar por qué me gusta este personaje, acabo dentro de tres días... resulta que es mi (cof cof) amor platónico (cof cof) de los dibujos animados de mi infancia. Y no tan infancia, creo que algo enamorada, jajaja. Era un borde, pero tan mono... además de que también lo hay en versión Tsubasa Reservoir Chronicles, algo más mayorcito y más guapo si es posible :P.

Edward Elric, de Full Metal Alchemist, y por igual su hermano Alphonse. El primero era el hermano mayor, más maduro y responsable (aunque más bajito...), y el segundo, aunque más pequeño, aparentemente más poderoso, aunque tenía demasiada fe en la humanidad para mi gusto. Me parecen unos personajes entrañables, además de, claro está, muy guapos. Pero eso sólo es apreciable por las mentes enfermas que creen apreciar que un dibujo animado puede estar bueno...

L Lawliet, de Death Note, por ser ese genio loco que se sentaba en cuclillas y sólo comía cosas dulces. Adorable.

...Y creo que hasta aquí. Seguro que me he dejado a alguien en el tintero, pero no importa. Me parece que para una sola entrada ya es lo suficientemente denso. Espero que al menos alguien la haya leído, con el trabajo que me dio buscar las mejores imágenes de cada uno :P.

Y por cierto, muchísimas gracias por los ánimos, y los tirones de oreja de la entrada anterior, creo que me hacían falta. Muchas me habéis dejado en vuestros comentarios el corazón y os lo agradezco. Sabed que lo tendré en cuenta.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Proyecto fallido de escritora



Hay cosas que, por algún motivo conocido o desconocido, nos gustan demasiado. Nos gustan lo suficiente como para pasarnos horas o días o meses (incluso años) reflexionando sobre ellas, observándolas, queriéndolas u odiándolas. Cada quien tiene su límite en estos aspectos, a algunos dichas etapas les duran poco y a otros mucho, a veces hasta toda la vida. Yo soy de las de breve pero intenso... muy intenso.

Soy de esa gente a la que si se le mete algo entre ceja y ceja, se obsesiona hasta lo enfermizo y de repente toda su atención se dirige a aquello que tanto le atrae. Lo analizo sin descanso, lo pongo patas arriba, patas abajo, le doy vueltas, imagino todas las situaciones posibles, lo pruebo, me sacio, lo expulso porque de repente me he cansado de él hasta el punto de que me hace odiarlo. Hago esto con muchas cosas, y cada cosa ha tenido su tiempo de degustación, y tiene que pasar un tiempo para que pueda volver a acercarme a La Cosa... ya no existe la misma pasión, es cierto, pero me ha hecho volver porque en el fondo la echo de menos y quiero recordarla.

Esta semana, por ejemplo, con todo el asunto del dentista y de que me encuentro siempre mal como para salir de casa (dejando de lado el hecho de que llueve TODO el rato...) he vuelto a ver capítulos de series que me gustaban mucho en mi infancia, y he estado a muy, muy poco de volver a escribir algún fan fic, cosa a la que me dedicaba antes (modestia aparte, me había vuelto realmente famosa, en lo que a los autores de esa serie se refería), y que ya no quería hacer porque me apetecía escribir mis historias con mis propios personajes.

Lo malo de todo esto es que no he conseguido escribir nada desde que lo dejé, y eso me pone enferma. Quizá es que me lo estoy tomando demasiado en serio, que pretendo que la primera cosa que escriba se convierta en el libro del siglo y entonces nunca lo empiezo porque pretendo que a todo el mundo le guste. Es decir, que al no estar escribiendo por placer, me bloqueo. Porque no escribo para mí, sino para los demás, y entonces me atasco. Algo que jamás me pasó con un fan fic, término que me pareció lo bastante poco serio como para poder jugar con la trama a mi antojo y escribir cientos de páginas sin quedarme seca en ningún momento.

La verdad, creo que tengo demasiado miedo a escribir cualquier cosa porque me lo planteo a mí misma como algo serio y profesional, como mi futuro, como algo en lo que no puedo equivocarme, ni ser demasiado infantil, ni demasiado recargada, ni demasiado simple, ni demasiado aburrida, ni demasiado clásica, ni demasiado innovadora... Me da miedo escribir, ¡es terrible!, y me pasa lo mismo a la hora de dibujar. Nunca he podido dibujar bien cuando era para algo serio, siempre me ponía nerviosa y lo hacía peor de lo que lo hacía para mí misma; nunca he vuelto a retomar mis comics de hace años porque soy demasiado insegura y me llenaría de temor que alguien los viese y se riese de mí. Me ha pasado siempre, lo confieso: de pequeña me pasaba la vida dibujando pero nunca dejaba que los adultos viesen mis dibujos... sólo se los enseñaba a otros niños, si eran mis amigos, supongo que porque no me sentía inferior a ellos.

La verdad, me da rabia ser así, pero aún no he conseguido enfrentarme a ello ni enseñar nada de lo que hago salvo por Internet, con un pseudónimo, un falso personaje que escribe o dibuja y en poco se parece a mí. Mi novio, después de años de insistir "conoció" a la autora de los fics, leyó sus notas personales de final de capítulo y me dijo que la odiaba, que era una falsa y que no era yo para nada... la parte buena es que las historias, que escribí hace mucho, sí le parecieron cojonudas (dentro de lo que cabe y habiéndolas escrito con 16 ó 17 años), y de hecho le va contando a todo el mundo que dibujo y escribo de puta madre, con lo cual, me siento muy animada a ello... por un lado, y por el otro sobrevive mi acojone.

Lo que me queda claro es que tengo que aprender a vencer ese miedo estúpido a salir adelante y a pasarme por el forro las críticas no constructivas sobre mí o sobre mi trabajo (¡que nunca he tenido!), porque es un miedo muy tangible sobre algo inventado por mí, sobre algo que no ha pasado ni tiene por qué pasar, pero es un pánico tan real que me frena tanto como un muro de hormigón delante de mi cara.

...Y por cierto, tengo pensado cambiarle de nombre al blog, porque el que tiene ahora desde el primer momento fue un nombre provisional. Así que no os asustéis si veis que de repente pincháis en mi nombre y os conduce a otro sitio, ¿vale?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Post mortem


Hola, hola, desde aquí reportándose vuestro proyecto de zombi favorito. Son las 3:23 de la mañana y me caigo de sueño, pero no puedo dormir. ¿Que por qué?, es fácil: cierro los ojos y oigo un "zzzzzuuuuuummmm" de taladro en los dientes, o recuerdo el dolor de ayer, y me tengo que poner a hacer otra cosa.

Como habréis deducido, ayer pasé por el dentista, y a su favor diré que el señor dentista se portó muy bien conmigo, como siempre, pero el problema fue... o los problemas fueron, más bien, que:

a) parece que soy inmune a la anestesia.
b) mis muelas tienen las raíces:
- muy curvas
- muy largas

... con lo cual el señor dentista me inyecto anestesia dos veces en la mejilla y una más en el nervio de la muela (dos segundos de un dolor MUY intenso), aparte de la anestesia que me tenía que echar todo el rato por encima. Y lo peor es que aún así yo seguía sintiendo, de vez en cuando, un dolor punzante, cuando las limas que tenía que meter por los conductos de la muela llegaban al final de los mismos. Estuve tres horas en la consulta, al pobre dentista creo que no le salió nada rentable en relación horas-precio, porque vamos, yo lo pasé fatal, pero él tampoco lo pasó bien. El pobre lo tenía difícil con la situación del diente y mi inmunidad a los anestésicos, pero bueno... Al acabar me preparó un café cortado la recepcionista, porque me moría de frío (no había comido mucho y el dolor tan prolongado me dejó hecha una piltrafa), y ya reviví un poco.

Ahora mismo sigo con Ibuprofeno y los antibióticos, estoy agotada (creo que la anestesia me dejó alguna especie de resaca), todo me cuesta el triple, tengo sueño, malestar general... y la muela con una especie de empaste extraño que tengo que tener hasta dentro de 11 días, que será cuando me lo quiten y me pongan la cubierta final. Ojalá todo salga bien y no tenga que hacerme nada más en esa muela, porque si no me muero.

La parte buena, si la hay, es que además de que si todo marcha bien la puta muela no me volverá a joder nunca más (o hasta dentro de años), y que además, con el dolor que tengo en la mandíbula no me apetece masticar nada, por ende, no estoy comiendo mucho. Esto me viene bien porque últimamente no conseguía dejar de comer "demasiado", es decir, seguía comiendo igual con lo que no bajaba nada, y las pastillas que estaba tomando las suspendí con lo del tratamiento del diente, por si acaso.

Por cierto, las pastillas son pastillas de naranja amarga, citrus arantium, y se venden en las farmacias (supongo que también las habrá en los herbolarios), valen unos 9 euros. Tienen sinefrina, una sustancia que se supone ayuda mucho en las dietas de pérdida de peso porque hace que el metabolismo se te active. Y es cierto, en cuanto empiezas a tomarlas, de allí a unos minutos te sientes con un montón de energía, como si te hubieses bebido un Redbull, y tienes más hambre durante todo el día (lo cual es una putada, pero es la prueba de que son efectivas). Para compensar el hambre, supongo que lo mejor sería tomarlas junto con pastillas para reducir el apetito, o comer cosas muy saciantes, como las barritas que todas conocemos. Algunas están muy ricas y todo.

En cuanto al tema de mi cuñada... la verdad es que espero que lo que le dije haya servido para algo. Y si os soy sincera, estaba esperando que me diese la oportunidad, algún día, de decirle un par de cosas, por las buenas o por las malas. No me gustan las discusiones y suelo simplemente evitar a la gente que me da problemas, pero llega un punto en el que me enfado tanto que sólo quiero soltarlo todo, y en ese entonces me vuelvo una borde y no me corto nada, como pasó el otro día, creo que fui incluso más suave de lo que podría haber sido porque con el dolor de muelas no estaba para montarla de verdad. En cualquier caso, a ver qué hace.

Tengo ahora mismo una tormenta eléctrica sobre mi cabeza, así que dejo aquí la entrada por si se corta Internet. Y os pido perdón por no haber pasado por vuestros blogs como hago siempre, pero es que con lo de los dientes estoy fatal y no tenía ganas de nada, y si no es para daros ánimos mejor no comentar, que para lloriqueos ya tengo esto.

Un beso a todas, pero despacito, que me duele...

PD: Mientras estaba sufriendo las 3 horas de tortura, me dije a mí misma que no tengo ganas de saber lo que duele un parto, ni la epidural. Que aquí va a parir su p**a madre...

PD II: Nana, me alegro de que mi comentario te haya servido y sobre todo que no te lo hayas tomado a mal, porque a veces es lo que ocurre y los deseos de ayudar se convierten en una discusión sin ninguna finalidad sobre si está bien o no (¿bien o no?) comer. En cualquier caso, espero que estés en el camino correcto y no te metas en algo en lo que, créeme, nadie quiere acabar, porque no estamos hablando de adelgazar simplemente. Hay que tener cabeza, que un chute de heroína puede estar muy bien, pero también puedes convertirte en un yonki antes de que te des cuenta y eso en ningún caso es lo que queremos, ¿cierto? Me alegro de que te lo hayas pensado mejor, y recuerda que sí se puede adelgazar sin necesidad de ningún método tan drástico, a lo mejor simplemente no has seguido la dieta adecuada. Para eso tienes médicos especializados en el tema, o incluso te puedes apuntar en sitios como Naturhouse, que aunque te venderán pastillitas que en mi opinión son más placebos que otra cosa, te darán buenos consejos y te estarán encima para que no vaguees ni tampoco te pases con la dieta. Tú eliges, por supuesto.

martes, 16 de noviembre de 2010

Hasta las cejas



Me siento un poco atolondrada ahora mismo, estoy hasta arriba de antibióticos y Paracetamol y mi cabeza se desordena más con cada pastilla que tomo; esta mañana tuve que volver a entrar a casa a buscar cosas que se me olvidaron no una, ni dos, sino tres veces. Es la hostia...

Supongo que os preguntaréis por qué soy como la encarnación de Bunny Tsukino, pues bueno, os lo diré: estoy fatal de una muela. Ha estado peor otras veces, con mucho más dolor, pero esta semana por fin me decidí a ir al dentista (soy la persona más acojonada del mundo para estas cosas), y estoy medicada para mantener a raya la inflamación, así mañana me pueden hacer el tratamiento correspondiente. En este caso, un tratamiento de conducto (básicamente me "vacían" la muela y me la rellenan con una especie de cemento, para posteriormente colocarle una cubierta). La verdad es que no estoy tan acojonada como el viernes, cuando pisé la consulta la primera vez, este dentista me inspira confianza y además todo el mundo me ha dicho que ni te enteras de lo que te hace. Entonces, perfecto.

Por otro lado, los antibióticos y el Paracetamol se están follando mi ya de por sí maltrecho estómago, que iba algo mejor gracias a las pastillas que estaba tomando para aumentar la tasa metabólica. Quizá mi problema es que mi digestión se había vuelto vaga al comer tan poco y por eso todo lo que comía me molestaba... me pregunto si sería lo mismo que me llevó a no comer nada de pequeña, en aquella época en la que de los 5 a los 9 años era como un cadáver en el sofá, llena de huesos y ojeras. Me imagino que no. Me imagino también que nunca sabré por qué coño era una niña anoréxica ni por qué la comida me daba tanto asco. Así como vino, se fue, y aunque a veces llama a la puerta mejor que se quede afuera.

(...)

Un beso, guapas. Os leo en vuestros blogs.


PD: El silencio de mis pensamientos, siempre leo tus comentarios y los agradezco mucho, me gustaría poder hablar contigo pero no sé cómo contactarte. No tienes blog, me parece (si lo tienes es que soy imbécil y no lo vi xD), y no sé si por blogger se pueden mandar mensajes privados, así que... ¿vía de contacto? :) Espero que tengas mi proposición en cuenta y que me dejes conversar alguna vez contigo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Milagro. Una promesa.



Me parece que hoy ha ocurrido un milagro, y es que a las ocho de la mañana me desperté y ya no tenía sueño, con lo cual aquí estoy, a las nueve y algo, después de haber desayunado, actualizando el blog que tan olvidado tenía. Fuera hace un día precioso y me siento con un montón de energías, no sé exactamente por qué, pero miro hacia fuera y me siento simplemente bien. En cuanto el baño quede desocupado, toca ducha y después hacer la compra, preparar la comida, y quizá dar un paseo.

Como quizá habréis notado (o quizá lo he notado yo sola, porque mi frecuencia de actualización no cambió mucho realmente), me he tomado un pequeño respiro. Mi última entrada, la entrada sobre mi padre, me ha hecho plantearme muchas cosas, y también vuestros comentarios me han ayudado mucho. Así que podría decirse que me he tomado esta semana para pensar mucho sobre el tema y al final he decidido que hablaré con él en cuanto vuelva de sus vacaciones en Argentina, porque no pierdo nada con ello. Es decir, en el peor de los casos seguiría como estoy y aunque hay sólo una mínima posibilidad de mejora, quiero ir a por ella. Me estoy acostumbrando a ir a por lo que quiero más que nunca.

Y hablando de ir a por lo que quiero... ahí entra mi otra cuestión, la del peso. No sé si os pasa también, pero hay días que me pongo muy paranoica con el tema y otros días en el que me digo que soy una exagerada. Pero como he aprendido cómo soy a lo largo de mi vida (y sobre todo en la adolescencia...) creo que más vale prevenir que curar. Me recuerda a cuando estaba enamorada y me lo negaba hasta el último momento, pero con algo que podría llegar a ser muy grave, un asunto de vida o muerte, un contrato de libertad o esclavitud de por vida.

Sinceramente, sé que tengo un problema con la comida, aunque no creo que sea anoréxica. Es decir, tengo hábitos malos, muy malos, y algunos síntomas de la enfermedad, pero no creo que esté desarrollada. Lo que temo es que llegue a desarrollarse, porque la siento ahí, latente, esperando el momento propicio para salir y no pretendo permitírselo. Me he informado todo lo que he podido para poder atajarlo como sea, para luchar contra una enfermedad silenciosa que se come a la gente sin que se den cuenta. Yo quiero verla venir, como cuando me gusta alguien. Quiero saber que me gusta y obrar en consecuencia, sopesar todas las posibilidades, los pros y los contras. En este caso, obviamente, los contras son demasiados. De modo que la pasión mejor dejarla para otras cosas...

En fin, yo iba a contaros mi decisión, y es la siguiente: en vista de que por mucho peso que baje no me siento satisfecha, en vista de que parece que se me olvida comer muy seguido, en vista de que no quiero vivir con hambre ni morir con ella (mucho menos que me mate), en vista de que quiero mantener mi relación, mi familia, mis días, en vista de que quiero pensar en otra cosa aparte de las calorías, en vista de que mi salud nunca ha sido muy buena y ahora está peor que nunca...

...he decidido ponerme un límite, y es el siguiente: 49 kgs.

Con 1,65 de altura y 49 kgs. mi IMC sería de 18,0. Justo el límite. Y os confieso que al escribir "límite" y "49" me he sentido terriblemente tentada a agregar un anexo como "bueno, en realidad 48, para quedarme definitivamente en 49 llevando una dieta normal después"... y cabe destacar que el 49 era justamente un kilo menos que con lo que quería quedarme: 50.

Creo que puedo llegar hasta los 49 kgs. con tranquilidad, pues estoy en los 52-53, depende del día (y últimamente llevo una dieta malísima y se nota), he llegado a ver incluso el 51, así que después de haber perdido 10 kgs. en dos meses, esto tiene que ser fácil. O al menos eso espero.

¿Por qué es mi límite? Bueno, porque tendría un IMC lo suficientemente bajo como para que fuese peligroso bajar más y lo suficientemente alto como para considerarme saludable. Además, siendo realista y objetiva, creo que con 49 kgs., para mi constitución y altura, estaría lo suficientemente delgada, de hecho, más delgada, pero como probablemente yo no lo veré y querré seguir bajando, ahí está el tope.

Si conscientemente bajo de los 49 kgs., me preocuparé en serio y dejaré de llamarme exagerada, aparte de que mi novio no es gilipollas y está muy al tanto de cuánto peso y cuánto no. Está también al tanto del plan, cosa que he hecho por si me da por desobedecerme a mí misma en pos de bajar algún kilillo más. Cualquier precaución es poca, conociéndome. Y sé que aun así el riesgo es alto.

Y bueno, supongo que no tengo mucho más que contar, aparte de que estoy tomando desde hoy unas pastillas de naranja amarga que venden en las farmacias. Leí sobre ellas en Internet y me decidí a probarlas, tienen sinefrina, lo cual se supone que está muy bien para adelgazar porque te activan el metabolismo y supuestamente quemas más calorías. A ver si es cierto.

Un beso, guapas. Me pasaré por vuestros blogs a ver qué contáis, ha sido una semana muy larga.