domingo, 24 de octubre de 2010

Padre



No siempre es bueno recordar las veces en las que alguien te dijo que te quería, sobre todo si en ese momento, o durante semanas o meses o años lo creíste como una verdad irrefutable, una verdad tan grande que te parecía estúpido siquiera ponerlo en duda.

¿Por qué no iba a quererme?, pensaba, es mi padre. No cabían en mi mundo padres que no quisiesen a sus hijos, salvo quizá algún ogro desalmado que abandonase a su hijo en algún lugar muy lejos de mí y de mi universo. Ninguno de esos seres existía para mí en realidad.

Anoche recordé que cuando era pequeña yo solía preguntarle a mi padre si me quería, y él me decía que sí. Entonces invariablemente yo le preguntaba cuánto, y él me respondía con lo más grande que se le ocurriese: hasta la luna, o las estrellas. Nada me parecía suficiente entonces, pero me reía porque en el fondo creía que no había ningún amor tan grande aunque no pudiese describirse con palabras.

Ahora miro hacia atrás y cuando recuerdo esos momentos se me hace un nudo en la garganta, o me echo a llorar si me coge con la guardia baja. No es que esté pensando todo el día en ello, ni todos los días, pero es esa clase de dolores que salen sin previo aviso a la superficie y te desbaratan. Cuando me pasa, un millón de recuerdos preciosos afloran y es amargo comparar aquella felicidad despreocupada con el presente, con el desarraigo que quizá conlleva la madurez en todas las personas. No sé si se sentirá así el cachorro de león que tiene que valerse por sí mismo llegada su madurez, o si a cada uno de nosotros nos desgarra el mismo dolor y desamparo al recordar nuestra infancia, pero lo cierto es que para mí se vuelve especialmente molesto.

En días así me pregunto ¿cómo hemos llegado a esto? Cierto es que tuve problemas con mi padre estos últimos años, desde su separación con mi madre, y al ir a vivir con él y su novia. De hecho escapé de ese ambiente malsano porque ella me hacía la vida imposible y yo se la hacía a él, de rebote, en alguna especie de venganza o de cura a mi dolor.

Pero ahora que las cosas se han relajado, que nos hemos pedido perdón... ¿no hay forma de volver atrás? Ahora que todo está bien y que él tiene su vida y yo la mía, ¿por qué no puedo verle nunca? Nos encontramos para tomar algo a lo sumo una hora cada una semana o dos, como a escondidas, supongo que porque a ella no le hace gracia que se vea conmigo. Siempre con prisas, siempre mirando el reloj. Nos damos un abrazo, yo me siento enferma y le echo de menos, las entrevistas son demasiado vacías. "Estás demasiado delgada", dice, y mientras me excuso con la gastritis interiormente siento que el hambre sirve para llamar su atención de una manera triste y desesperada. Está preocupado, no sé qué cree que hago con mi vida, pero con todo y su preocupación las cosas siguen igual. No me llama. No me busca. No se acuerda de que existo.

Si él me prometió que se separaba de mi madre pero nunca de mí, ¿por qué siempre estamos lejos?

¿Por qué la eligió a ella?

Yo soy su hija y debería quererme, más que a la luna, que a las estrellas, y sin embargo...

sábado, 16 de octubre de 2010

Libros, cuñadas...



Hola a todas, chicas. Me alegro de que os guste la nueva apariencia del blog, dejando de lado manías aparte que algunas (yo incluida, día sí, día no) podamos tener con el rosa... más por la imagen que nos han creado de él que por lo que es, porque siendo sincera, es un color que siempre me ha parecido muy bonito en su justa medida.

Pero dejando de lado el tema de los colores, he de deciros que estoy contenta porque hoy pasé por el Cash Converters con mi novio y encontré algo genial. Quería echarle un vistazo a los libros que tenían, muy baratos por cierto, y esperaba encontrar algún ejemplar de "Las edades de Lulú", pero encontré algo mejor: "Yo vencí la anorexia", de Nieves Álvarez.

Como he comentado en alguna de las entradas anteriores, me gusta mucho leer libros, artículos o blogs sobre los desórdenes alimenticios, en parte porque es un tema que me toca desde cerca, y en parte también porque me interesan mucho los trastornos psicológicos en general. De hecho me habría gustado estudiar psiquiatría, pero para eso tendría que sacarme antes Medicina, así que en lugar de dedicarme a ello profesionalmente, me dedico a leer de vez en cuando cosas sobre el tema...

Pero bueno, que me voy por las ramas y si tal mis intereses sobre psiquiatría los dejo para otra entrada. A lo que voy es: el libro. ¿Alguna de vosotras lo ha leído? Es una muy buena edición, de RBA, en tapa dura, y con la foto de la modelo autora del libro en portada, guapísima por cierto. Lo devoré en unas 3 horitas, aunque como siempre estos cuentos me dejan un sabor agridulce, porque todos parecen terminar con un final feliz, y de hecho en este el título es bastante pretencioso (yo VENCÍ la anorexia, ¿seguro?)... y después lees que, vale, la tía volvió a comer, pero su dieta normal, la dieta "sana" de recuperación consiste en un "gran" desayuno de una tostada y un zumo, y a la hora de la comida una ensalada. Vale, no siguió bajando permanentemente, pero ¿curada al 100%? ¿y los altibajos? ¿y las recaídas? Porque en las fotos sale delgadísima. Algo así como cuando Cielo Latini hizo su campaña de Quiérete y salía en todo su escuálido esplendor después de estar supuestamente recuperada. Pero bueno, es lo que hay. Supongo que hay que proteger la intimidad, aparentar estar bien y a la vez transmitir algo de esperanza.

Ah, ¿sabéis qué?, al comprar el libro me hice el comentario interno de que de no ser porque sólo tengo un ejemplar de este libro y es mío, se lo regalaría a mi cuñada. Porque no os he contado que va diciendo por ahí todo el rato (y cuando digo todo el rato es que cada día que la veo lo dice varias veces, incluso a gente que no conoce), que es anoréxica, que es de poco comer, que bajó no sé cuánto, comida kilos kilos comida anorexia. Y siendo como soy y supongo que me conocéis un poco, no me molestaría que mi cuñada fuese anoréxica, obviamente, de hecho intentaría ayudarla, pero es que... ¡no lo es! No tiene ningún signo de enfermedad, y vamos, que si vas diciendo por ahí que eres anoréxica a todo el mundo lo más probable es que no lo seas y sólo lo hagas por llamar la atención. De verdad, me daría pena si no estuviese tan jodidamente enfadada.

jueves, 14 de octubre de 2010

Pretéritos presentes



Una noche como ésta, me siento lejana y traslúcida.

Cuando un día transcurre con normalidad es como si no hubiese pasado nada. Nada que contar, nada de lo que lamentarme, ¿por qué no alegrarme de ello? Sumergirme en el oscuro abismo de la monotonía y dejar el tiempo correr por mis venas como si nunca fuese a acabarse la vida es todo lo que espero de mí hoy.

Tengo ganas de lavarle la cara al blog, pintarlo de un color vivo, porque el marrón me está deprimiendo. Lo adoro como está, pero me aburro tan rápido de las cosas. Necesito una transformación, un blanco, un rosa, un verde... o es que el mapa de la esquina me recuerda que quiero viajar y no lo hago.

Tranquilidad. Respirar, cerrar los ojos.

Que todo se andará...

viernes, 8 de octubre de 2010

¿Como Pinochet?



Me gustaría decir que hoy he tenido una mañana muy intensa, pero comparada con las dos tardes-noches anteriores, ha sido un coñazo. El juicio, quiero decir, que se celebró hoy a eso de las 11 de la mañana (aunque estaba programado para las 10, ya sabéis... funcionarios).

Estuve esperando, sentada al lado del chico de seguridad que iba de testigo, durante una hora más o menos. Me dio ánimos, me dijo que me tranquilizara, me aconsejó antes del juicio e incluso después (en plan "habría sido mejor que dijeses X"), muy majo... creo que gracias a él las cosas no han salido mal hoy, porque cuando me quedé sola (tenía otro juicio antes que el mío, con otra chica) me empezó a temblar todo y la barriga me dolió horrores, ¡así de acojonada soy!

El caso es: después de la espera y de codearnos con gente de todo tipo (señoras, viejos yonkis, un tío que miraba muy fijamente y daba un mal rollo que te cagas, alguna chavalita, algún presunto maltratador) nos hicieron entrar. La sala de juicios no era grande, más bien era como una versión express de las de las pelis, y sólo estaba la jueza, la fiscal, y otra chica tomando notas aparte del segurata y yo. Primero declaró él, brevemente, cómo había detectado el hurto, y dijo que las prendas estaban en buen estado. Después me preguntaron si todo era cierto y dije que sí, y que tenía intención de no pagarlas. Me preguntaron mis ingresos (para saber qué multa me metían), y como eran demasiado bajos, me condenaron a una especie de arresto domiciliario en 5 días que elegiré yo según me convenga, no tienen que ser continuados, y básicamente consisten en quedarme en casa y de vez en cuando me llamarán o se presentará la poli a ver si estoy. Es decir, ¡castigada! Nos preguntaron si estábamos conformes con la sentencia, dijimos que sí y nos fuimos. Estuve preguntona, pero aun así no creo que hayamos estado allí ni 10 minutos... y menos mal.

Ahora mismo estoy en casa, me muero de sueño. Hoy me levanté muy mareada y con el estómago fatal, ayer incluso me dieron mareos fuertes. Cuando algo me estresa, me consumo, y la verdad es que me quedé sorprendida al ver que en un día y medio había bajado de golpe un kilo. No fue por la dieta, eso seguro, porque el día del robo me zampé un Mc Menú Big Mac (unas 900 y pico calorías), y aunque hasta el día siguiente no volví a comer nada más (mi estómago tenía una losa encima), después no me corté con el arroz, el Special K y las patatas. No me extraña que bajase de peso hace unos años de forma tan atroz, cuando vivía con mi padre y tenía problemas a diario con su novia, si mi metabolismo se dispara así cuando me pongo nerviosa.

Ah, que por cierto, mi padre (que os había dicho que se casó recientemente) se va de luna de miel durante un mes y algo, a Argentina. No me acordé de esto hasta hoy, y luego no entendí cómo, porque supongo que gran parte de mi histeria se debe a eso. Puede parecer estúpido, pero incluso me acojona que no vuelva, o que se encuentre a mi madre (que está allá por una historia que algún día os contaré), y me jode que la petarda de su novia, mujer o lo que sea, vaya a conocer a mi familia como si tal cosa. Aunque me sirve de consuelo la seguridad de que no le va a caer bien a nadie, porque no hay Dios que la aguante y esto ya no es subjetivo.

Joder, al final me he enrollado un montón, pero es que estoy muy aliviada. Y tengo que agradeceros infinitamente el apoyo que me habéis dado, tenía miedo de que mandaseis a la mierda, me llamaseis de todo, yo qué sé. Además, en estas dos noches de insomnio y nervios han sido vuestros blogs los que me han mantenido con la cabeza ocupada en otras cosas, me han refrescado las ideas (pensar 24 hs. en lo mismo es horrible), y me han ayudado con mensajes de ánimo y reflexión que aunque no fuesen dirigidos a mí, me los adjudiqué. Por eso y por estar ahí, gracias, gracias, gracias, infinitas gracias. Sois un encanto.

jueves, 7 de octubre de 2010

Miedo





No sé cómo de repente mi día se ha ido a la mierda. La he cagado, y me avergüenza infinitamente contar algo como esto, pero necesito desahogarme y creo que de todas las personas a las que podría decírselo, vosotras me entenderéis... o al menos eso espero.

No quiero entrar mucho en detalles, pero fui a una tienda de ropa hoy a mirar si algo me gustaba, tenía varias cosas apuntadas en la libreta de mi bolso pendientes de compra, pero acabé con un montón que probarme antes de darme cuenta. Entré a los vestidores y me probé varias camisetas, un par de pantalones y alguna cosa más.

De repente me sudaban las manos y empecé a arrancar las etiquetas de las camisetas compulsivamente, a meterlas en mi bolso, a sentir cómo latía mi corazón a toda máquina mientras pensaba que estaba robando. Y cabe destacar que en mi vida sólo le he robado a mi madre alguna vez un par de monedas para alguna golosina. Por un momento me sentía como si estuviese dándome un atracón, cogiéndolo todo, ropa que ni siquiera me gustaba, todo lo que cabía, lo guardé. Estaba histérica y muy acojonada, pero lo estaba haciendo y sin saber por qué, estaba saliendo mecánicamente de los probadores con el bolso petado de camisetas, obviamente el chico de seguridad se dio cuenta y yo me sentí como se debió haber sentido Winona Ryder cuando la pillaron.

Acabé en una sala con una mesa grande, con mi bolso siendo escudriñado, con el segurata y la encargada sacando conclusiones como que yo formaba parte de una red organizada, y que incluso la ropa que llevaba era robada porque le había cortado las etiquetas (toda mi vida lo he hecho, me pican y me hacen daño), que el pintalabios de mi bolso, el boli eran robados, que lo que estaba escrito en la libreta era mi lista de cosas por robar para unos terceros.

Yo no sabía dónde meterme, porque no entendía qué cojones había pasado, no entendía en qué clase de pesadilla estaba inmersa, pero quería despertarme, porque nunca he sido una ladrona. Lloré sin quererlo, lloré mucho, y les juré y perjuré todo lo que pude que no había robado nada de lo que llevaba, que no me dedicaba a ello, que lo que había robado era lo que ellos habían encontrado en mi bolso y punto, que las tijeritas portables que llevaba no eran para robar a menudo, ¡que ni siquiera había cortado las etiquetas, las había arrancado! Colaboré en todo lo que pude, de hecho creo que fueron condescendientes conmigo: la encargada me trajo un pañuelo, el chaval y ella me pidieron que me tranquilizara y me aseguraron que no me pasaría nada, incluso la policía me trató bien y el ambiente acabó relajándose.

Salí de allí con una orden de juicio rápido este viernes, que consistirá en yo+juez+segurata como testigo, en el que me echarán una bronca veloz y se me sancionará con una multa que me han dicho será pequeña, porque es la primera vez y porque el robo no llegaba a los 120 euros. Que no me hará expediente, que proscribe en un año, que es un hurto, ni siquiera tiene la categoría de delito...

Pero no puedo dormir. Me siento terriblemente mal, me siento la peor mierda del mundo y ni siquiera sé por qué hice lo que hice. Simplemente fue así, y ojalá pudiera volver el tiempo atrás, pero no puedo, así que sólo me queda echarle huevos y hacer como que no ha pasado nada. Cómo me cuesta. Estoy desesperada, tengo el pecho lleno de plomo, las manos temblando todo el tiempo, una culpabilidad inmensa, una paranoia descomunal. Aunque legalmente no vaya a pasar nada, yo no puedo conmigo, tengo pánico y me duele mucho haber hecho algo así.

¿De verdad estoy tan mal? ¿me estoy descarriando? ¿tengo alma de oveja negra, de yonki, de cleptómana, de anoréxica?

¿Qué cojones estoy haciendo conmigo?