miércoles, 29 de septiembre de 2010

Día gris




Es miércoles y llueve, pero no voy a cerrar la ventana todavía. Quizá el sonido de la lluvia me reviva un poco, el olor a tierra mojada me espabile o mate mi hambre y mi aburrimiento.

Es miércoles y llueve, y no tengo ganas de hacer nada. He intentado dibujar, me he peleado con la tableta gráfica y he conseguido exprimir tres bocetos que deberían haber sido dibujos completos hace tiempo, pero que nunca quiero hacer. Hace años que no dibujo por gusto, y hay pocas cosas que odie más que dibujar por obligación. Sinceramente, creo que me pasé tantísimos años de mi vida dibujando que acabé hasta los cojones del tema, pero no estoy muy segura y la verdad es que me da pena no seguir con algo que, modestia aparte, se me da tan bien.

Es miércoles y llueve, y además hoy ha habido huelga nacional. Quizá es que yo también estoy en huelga y no lo sé, porque la verdad, si tenía que hacer algo, hoy se me olvidó. Se me olvidó cargar el móvil, se me olvidó ducharme, se me olvidó pasar hambre y no comer como una foca. Tengo al lado un tazón de cereales y pienso comérmelo, aunque después me sienta culpable, porque hoy es huelga y mi dieta necesita un descanso, o yo lo necesito.

Es miércoles y llueve, y me apetece seguir leyendo, pero en el fondo estoy cansada. "Sinuhé el egipcio" es una gran novela, y sin embargo me apetece ponerme a jugar a los Sims 3 Trotamundos. Así de triste es mi vida a veces.

Es miércoles y llueve, y ni ganas tengo de escribir. Espero que todos estéis lo mejor posible, o lo menos mal. Me pasaré por vuestros blogs, que hace mucho que no lo hago, si no hoy, mañana, porque creo que hoy no tengo nada interesante que decir ni nada bueno que aportaros.

Un beso a todos, os quiero.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Desnuda





"Es tan difícil no juzgarme a mí misma y decir simplemente, que quería curarme, que sabía muy bien que estaba enferma pero que había algo inexplicable que era más fuerte que yo. No, no era odio hacia mí misma. Era algo que no comprendía y no podía explicar con palabras. Una especie de negación del cuerpo, tomado por la fuerza, para mí. Una fuerza mayor y más fuerte que yo, en algún lugar dentro de mí donde yo no tenía acceso."

Moïra Müller
"Crónica de una anorexia"


Leí esta novela hace unos meses, cuando empecé a interesarme por el tema de la anorexia. Fue por allá en febrero o marzo que leí un par de libros, vi varios documentales, leí cierta cantidad de blogs, todo mientras seguía (algo más que) estrictamente la primera dieta de mi vida.

En aquel momento pesaba 65 kgs., midiendo 1,65 m. de altura. Menos de dos meses más tarde me levanté y me pesé como de costumbre (me pesaba unas 5 o 6 veces al día), y me di cuenta de que había alcanzado mi primera meta: los 55 kgs. Unos segundos más tarde, me dije que probablemente los 50 kgs. me sentasen mejor, y decidí que los quería, que los necesitaba.

Sin embargo, un cúmulo de circunstancias (que obviamente me llenaron de rabia y frustración) sólo me permitieron bajar hasta los 54 kgs, una y otra vez, oscilando entre 55 y 54 durante lo que a mí me pareció una eternidad. Así que, viendo el panorama, tuve que posponerlo.

Estamos a 23 de septiembre y peso 52,7 kgs. Llevo unas tres o cuatro semanas de "régimen". No hago ayuno completo, nunca lo he hecho y no quiero hacerlo porque sé que sería el paso más caro de mi vida. Como poco, lo menos posible, considerando mis problemas de estómago crónicos y concretamente lo molestos que están siendo desde navidades.

A estas alturas no considero que esté enferma de anorexia, ni quiero estarlo, pero soy consciente del peligro que conlleva mi personalidad, mi poco amor propio, mi terquedad y mi demasiado estricto sentido de la belleza. Por eso he leído esos libros, visto esos documentales, leído esos blogs. Porque tengo miedo, porque quiero advertirme, porque quiero protegerme todo lo posible y así con suerte escapar al abismo oscuro que me espera a mi izquierda.

Sólo quiero deciros que os entiendo, que os apoyo, pero que quiero sobre todo que os cuidéis. Que ojalá pudiésemos vernos tan hermosas como somos con un peso saludable y no con la cara de muertas que se nos pone al estar delgadas y desnutridas. Que ojalá la báscula no durmiese debajo de nuestras camas, haciéndonos tener pesadillas, que sus números no significasen ni triunfo ni fracaso, porque no son indicadores de nada real.

En mis momentos de lucidez me saco una foto y veo que en mi cara hay unos pómulos demasiado marcados y unas ojeras demasiado negras; en mis momentos de lucidez considero terrible que no pueda comer hasta saciarme sin sentirme culpable ni una sola vez.

En mis momentos de lucidez, sobre todo, me acuerdo de vosotras y deseo daros a todas un abrazo y deciros lo increíbles y preciosas que sois.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Catarsis






Catarsis
(Del gr. κάθαρσις, purga, purificación)
1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.


Sería erróneo decir que fumar me tranquiliza cuando estoy de muy mala leche; cuando estoy de tan mal humor como para encender un cigarrillo por ello, una tontería como ésa no es suficiente para tranquilizarme realmente. Sin embargo es un ritual que llevo a cabo siempre que puedo, desde hace unos años, desde que una noche mi padre, después de prometerme algo no lo cumplió y yo me fumé un pitillo a escondidas, fuera de mi casa, en medio de la soledad que puede haber en una parada de autobús en medio de la nada a las 3 o 4 de la noche.

No sé si es puramente psicológico o tiene que ver directamente con la nicotina o con el humo que me marea y adormece, pero si no consigo un pitillo en este estado me subo por las paredes. Y si lo consigo, lo enciendo y me lo acabo en unas pocas caladas, ansiosa y compulsiva como soy, desesperada porque esconda mis problemas. Lo cierto es que después, con suerte, consigo dormir, o sino al menos me he quitado el mono aunque no haya servido para nada.

Me figuro que habréis imaginado que en este momento me estoy fumando un pitillo mientras escribo esta entrada, así que estoy haciendo una doble catarsis. Por un lado, el hecho de escribir en este blog es una purificación en sí misma, por otro, al tener que teclear con las dos manos consumo el cigarrillo más lentamente.

Y he mencionado a mi padre antes no del todo superficialmente, pues he hablado de su promesa y su incumplimiento, cosa que durante mi vida he sufrido muchas veces. De pequeña, no había cosa que me doliera más que crearme las esperanzas de hacer algo, cualquier cosa, que él me prometiese y al día acordado no cumpliera. Me lo ha hecho muchas veces, y lo sigue haciendo, aunque menos, quizá porque no trato tanto con él como antes, pero es algo que creo jamás superaré y que me seguirá jodiendo hasta el fin de mis días (como la mayoría de mis traumas, que supongo tienen que ver con cosas que él haya hecho, o no hecho, o dicho, o etcétera).

No, esta vez no ha sido mi padre, ha sido mi novio. Él a veces también tiene esa costumbre, es un tío muy disperso y algunas veces se nos han cancelado planes porque le surgió otra cosa, se prolongó demasiado un trabajo porque quería acabarlo ese día, o porque alguien se presentó con otra cosa, o porque es muy tarde y te pongo una excusa porque en realidad no tengo ganas. Hoy me aseguró que iríamos a pasear, y a cenar un kebap, y al final se lió con otras historias y al principio se canceló sólo la cena, y después eran las 4 de la mañana y yo seguía esperando como una gilipollas para dar ese paseo.

Quizá todo el mundo lo hace, quizá soy la única obsesa de mierda que no aguanta una tontería por el estilo y le doy demasiada importancia porque soy una puta traumatizada de la vida, pero lo siento, simplemente no puedo soportarlo. No llevo nada bien las decepciones, no llevo nada bien que me aseguren que voy a tener algo y luego por cualquier estupidez de repente no lo tenga. Si no me lo vas a dar, no me lo prometas, no me hagas tener esperanzas, perder el tiempo, llorar de rabia, fumarme un pitillo que no sirve para nada.

No lo hagas, por favor. Me duele inmensamente.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Optimismo




Buenas noches, queridas niñas. Tengo ganas de escribir algo, aunque no esté muy inspirada (será que hoy he tenido un buen día). ¿No os pasa que cuando las cosas salen bien, o de momento se estabilizan, no se os ocurre sobre qué hablar? A mí sí, y siempre me ha pasado. Creo que se me da mejor quejarme que escribir entradas contando lo tranquila que estoy.

Hoy me he levantado a regañadientes, eso sí, porque tenía que ir a buscar una carta certificada a Correos. Comí (más de lo que habría querido, pero es lo de siempre) y después me fui a El Corte Inglés, por donde hacía años no me pasaba. Tenía curiosidad por probar unos Levi's que salieron ahora, hechos según parece para cada tipo de mujer (con cuerpo recto, con curvas ligeras, con curvas pronunciadas...), y además te regalaban una shopping bag por probarlos.

Bien, supongo que el detalle de que la dependienta me preguntase mi talla y al verme dudar me dijese "la 36" me alegró muchísimo el día, y me alegró más que me fuesen los pantalones. Eso sí, no me parecieron milagrosos y de hecho me compré unos en Pull And Bear que me gustaron mucho más y valían 17 euros en lugar de 89. Al llegar a casa me he puesto a leer y he terminado el libro que tenía abandonado por cuestiones de fuerza mayor, "Azteca", de Gary Jennings... me ha gustado bastante y sobre todo me ha quitado ese mono horrible de leer cosas sobre los aztecas, que os confieso adoro desde que soy pequeña, tanto como los egipcios.

Por quejarme de algo os diré que tengo unas ampollas insoportables en los pies por culpa de ponerme unos zapatos de tacón... no suelo usarlos, pero es que me interesaba ver los vaqueros puestos con el calzado más favorecedor. Y si tal también me quejaré de que tengo a mi famosa cuñada en la sala en este momento, pero la verdad, hoy me importa poco lo que pese o lo que deje de pesar, sobre todo porque sé que yo estoy más delgada y eso, de forma retorcida y enfermiza, me calma los ánimos.

Mañana me toca madrugar para cambiar el médico de cabecera a uno mejor que la imbécil que tenía y que ignora mi gastritis (¡que llevo arrastrando desde hace como un año!), y a ver si me da tiempo y me paso también por el Inem, que me quiero apuntar en alguno de estos cursillos remunerados para gente en paro. Nunca tuve suerte, pero por intentarlo...

Estoy más optimista de lo normal estos días, seguramente llevaré encima un puestazo de hormonas, porque la regla me bajó dos veces este mes y tal... Aprovechando este buen humor, seguiré comiendo como un pajarito mientras pueda y quizá, si la suerte está de mi lado, alcance mi lejana meta de 50 kgs. No es tan fácil bajar de 63 a 60 como de 53 a 50, así que a echarle ganas y sobre todo mucha paciencia.

Venga, os dejo, que ya aburro, y me pongo con vuestros blogs. Un beso a todas...

martes, 14 de septiembre de 2010

Sin título




Desde este jueves he estado incomunicada, sin Internet, lejos del blog y de la gente que me rodea en este mundo nuevo que poco a poco se abre para mí como una flor.

Creí que cuando volviese del retiro me sentiría con ganas de escribir, pero la verdad es que tengo sentimientos muy contradictorios y de momento no podría plasmarlos. Quizá dentro de unas horas, quizá mañana, encuentre el valor para escribir sobre ellos o la entereza para descifrarlos, pero no os prometo nada.

Eso sí, si hay algo que tengo claro es que echaré de menos a una gran persona que a lo mejor ha desaparecido. No puedo contestarle por Facebook porque no tengo forma, y el blog parece haber sido eliminado, pero espero que si me lee entienda que aunque no estoy cerca ni soy la madre Teresa, me preocupo porque esté bien. Espero de corazón que lo esté, que no haya pasado nada y que esto sea sólo un descanso por los malos ratos pasados estos días. Que sepa que si quiere hablar sabe en donde estoy y que para mí será siempre un placer leerle, porque le considero un hombre maravilloso y lleno de virtudes que aunque él no pueda ver, están ahí. Que me ha ayudado mucho y aunque no esté aquí para animarme, recordaré sus palabras y me imaginaré que estará al otro lado tirando de la cuerda para que yo me sienta mejor.

José, si me lees y no vuelves, que sepas que te echaré de menos mucho. Siempre te recordaré con el cariño que mereces.

martes, 7 de septiembre de 2010

Confieso que...




...si hay una persona que literalmente me enferma, es la hermana de mi novio. Y cuando digo que me "enferma" no me refiero a que la odie, a que la considere una persona terrible o a que se dedique a hacerme la vida imposible. Tiene sus cosas, como todo el mundo, pero resultas que "sus cosas" y las mías no son nada compatibles.

La hermana de mi novio es una tía tan aparentemente segura de sí misma que apabulla a todo el mundo a su alrededor. O lo que es lo mismo, tiene un complejo de inseguridad tan grande que intenta pisotear a todo el mundo a su alrededor cada vez que abre la boca, y creedme, habla muchísimo.

Si tú haces algo, ella dice que lo hace mejor. Si tú te compras algo, ella se ha comprado algo más bonito. Si a ti se te ocurre, un día, considerarte buena escritora, ella ganaba concursos de redacción hace años en la ESO. Y así con todo lo que se te ocurra comentar, y que para ti sea un pequeño logro.

Por supuesto, todo esto no me importaría si yo tuviese un mínimo de amor propio... pero no lo tengo, de modo que cada vez que la veo me pongo a la defensiva y hablo lo menos posible. ¿Para qué, si cualquier cosa que diga, ella lo va a hacer mejor, su vida va a estar llena de colores y de sabores y de gente increíble, de anécdotas, de cosas preciosas? Según ella, claro, y aunque la verdad de su vida es otra no puedes evitar sentirte mal.

Anteayer la vi, y esa noche lloré y lloré de desesperación porque no aguanté sus comentarios sobre lo buena que está o sobre los kilos que bajó. Lloré tanto que exploté, y le confesé a mi novio todo lo que se me estaba pasando por la cabeza, y sobre todas las cosas el miedo que me da juntarme con ella, porque siempre que la veo me siento atrapada dentro de mi falta de autoestima y sobre todo dentro de mi ropa, como si de repente se hubiesen encogido dos tallas. Y no sólo eso, le he confesado que siento pánico a engordar, a comer, a acabar metida en la anorexia antes de poder remediarlo o que todo esto se quede simplemente en el complejo terrible que ha sido siempre para mí.

Confesar algo así ha sido una sensación agridulce: por un lado, me desahogué y me gusta que mi novio esté ahí para escucharme y ayudarme, y en el fondo quiero que me proteja de esto. Por otro lado, mi secreto ha sido en parte profanado y también temo que por culpa de ello no me deje adelgazar más y tenga que empezar con el juego de las mentiras. Espero que mi parte racional tire más fuerte, pero no puedo estar segura.

Ayer también vi a mi cuñada, y hoy. Sigo encerrada en la habitación escribiendo esto mientras la oigo hablar en la cocina, y casi no me atrevo a salir. Me he probado como diez pantalones y en todos me veo con demasiada carne, no sé qué ponerme. Hoy iba a ser un día tranquilo y de catarsis, pero ha venido sin avisar y me lo ha echado por los suelos. Quiero competir, quiero ganar y quiero que sus palabras no me aten un corsé en el que no quepo... pero para eso, tengo que seguir sin comer durante unos cuantos días más.



PD: Siento tener que moderar los comentarios, pero se ha pasado por aquí gentuza que no vale nada. Están enfadados porque me parece justo defender a Jose, un señor que se pasa por nuestros blogs bastante seguido y siempre deja comentarios muy amables, nos da ánimo y se porta muy bien con nosotras. Seguro que sabéis de quién hablo.

En cuanto a esta escoria humana, que es lo que sois, putos trolls de mierda, con vuestros comentarios me limpio el culo después de cagar. Me da igual lo que digais, os conozco bien: si os dedicáis a dejar comentarios estúpidos a la gente en su blog sólo por joder, es que tenéis menos vida que mi cuñada :). Si os creéis tan especiales, tan poseedores de la verdad absoluta y con tantos huevos... venga, haceros un blog dedicado a hablar mal de la gente, uno por uno, etiquetadnos si queréis (y si sabéis), y que nos lleguen los avisos de vuestras publicaciones para que las leamos y os dejemos comentarios a vosotros también.

Venga, que sois una pandilla de subnormales profundos. Compraros una vida y no manchéis los blogs de la gente con vuestros comentarios mugrientos.

Que os jodan.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Caminos




Estoy sentada delante del ordenador, pero no veo bien: me pican los ojos, son como dos pelotas de ping pong salpicadas de venitas rojas y húmedas de lágrimas. A mi izquierda, se quedó abierto el libro de Psicología que intentaba estudiar. Parece como si me hablara, se riera de mí y me preguntase por qué no lo estoy leyendo si el examen es dentro de unas horas. Me llama fracasada, inútil y absurda, todo eso y más, un puto libro de mierda.

Acabo de tener una de esas iluminaciones, después de semanas sin poder sentarme a estudiar, por una cosa o por otra, y a pocas horas de tener que correr a coger el trenecito que me llevará a la gillotina de septiembre. Quizá porque de repente ninguna sección de la Uned quiere funcionar para mí y dejarme entrar a los foros de consulta de las asignaturas, siquiera enseñarme el estado de mi matrícula o mis datos personales, o porque se han acumulado MUCHAS putadas de este tipo en los últimos dos años que llevo intentando sacarme el primer año de carrera sin éxito, por falta de dinero, por falta de la puta beca, por falta de suerte, por exceso de caras duras.

No sé por qué, o sí, pero el caso es que de repente me he parado y me he dicho: ¿realmente quieres estudiar?

Me gusta mucho la carrera en el sentido de que me parece interesante, pero ¿realmente he sido hecha para esto? Sé hacer muchas otras cosas, mis favoritas son dibujar y escribir, y me empeño en estudiar esta carrera porque sí, porque me entretiene un poco, cuando ni siquiera pienso dedicarme a ser psicóloga en el futuro. Lo hago por inercia, por orgullo, por ese yo qué sé que me dice "sigue, sigue, aunque todo esté en tu contra, sigue"... pero la verdad es que estoy luchando por algo que ni siquiera sé si quiero tener.

Me siento fatal por haber perdido el tiempo, me siento la peor mierda por tener 20 años y no saber cómo empezar mi vida. Me acuerdo del yonqui que vino a casa hace como un año y me dijo, después de que le diera un euro por un calendario, que la asignatura más difícil de cursar era la vida... obviamente le di la razón, y esa reflexión no cambió mi vida porque supongo que me resultaba evidente, pero ahora que pienso en todas estas cosas no puedo evitar acordarme del yonqui en rehabilitación y sonreír por dentro.

Creo que acabo de decidir que no me voy a matricular este año, aunque "todo el mundo lo haga", porque yo no soy todo el mundo y no tengo por qué estudiar en este momento, esta carrera. Porque me puedo dedicar a algo que me ayude en lugar de darme tantos disgustos, porque ¿quién dice cómo tengo yo que buscarme la vida? Si al final todo el mundo tiene su carrera y después los ves, según su suerte o su enchufe, de cajera en un supermercado o trabajando para su papi cobrando 2000 euros al mes siendo auxiliar de enfermería.

La vida está para vivirla, si me cuadra para estudiar, si no, a coger otro desvío. Que los caminos del Señor son inescrutables, dicen, y aunque yo no creo en el Señor, sí creo en los Caminos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Fiebre




La luna cuelga en la ventana mientras la almohada me devora pensamientos. Tengo frío, estoy sedienta, me falta concentración pero me sobra temperatura corporal.

Sí, llevo como una semana o dos con altibajos, con fiebre y sin ella, sintiéndome siempre mal. Ni siquiera los nervios me consumen ante la llegada innegable de los exámenes de septiembre, creo que sigo encerrada en mi burbuja, leyendo libros y más libros, negando todo lo que me rodea o tan sólo dejándolo pasar.

Espero que no se me fría el cerebro, que no se me caigan los ojos, que pueda por fin volver a respirar sin parecer un bulldog francés, con la boca abierta, los párpados hinchados y los pulmones en una ruidosa lucha por mantenerme en pie.

Sé que esto no es, ni mucho menos, el fin del mundo: soy una persona bastante enfermiza, siempre lo he sido (me atrevo a decir que además en muchos aspectos). Pero, joder, qué mal me encuentro...