jueves, 12 de agosto de 2010

Shhh...




Te voy a contar un secreto:

Cuando hayas aprendido, por fin, a no regir tu vida según lo que los demás opinen de ti, te encontrarás con algo que nadie suele mencionar en sus campañas de falsa autoayuda, con algo que a todo el mundo se le olvida nombrarte, como si no existiera.

Te encontrarás con que ahora tienes que aprender a quererte por ti mismo.

A conformarte, a cuidarte, a valorarte según "tus propios criterios".

Y entonces descubrirás que es este juez, de todos, el más terrible.

6 comentarios:

  1. Mis poemas (para lo bueno y para los malo. son míos niñuca) me pasa lo que a ti en tu escrito, son tan personales que no pueden ser de ningún otro.

    me ha gustado tu afirmación y creo que a ti, como a mí, te jo..- mucho que te digan que tienes que estar bien porque sí, porque ellos lo dicen y porque sus palabras son mágicas.

    me suena que defiendes que es preferible estar mal que hacerles caso, si es así firmo donde haga falta.

    venía solo a darte las gracias por el comentario en mi blog y me he encontrado a alguien interesante y encima en el post anterior tienes a la bendita hepburn (mi otro blog es de cine)

    tienes un 10 amiga mía.

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  2. Hola Vainilla...llegue aca quizas por otros sitios que visito y la verdad me gusto mucho tu reflexion...está perfecta , que más agregar...nosotros somos nuestros mejores jueces!!!...buenisimo...
    Un abrazo.

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  3. Cuanta razón!!!!

    Gracias por tu apoyo nena!!un besazo

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  4. Pues sí, es el peor de los jueces, te puede hacer desear que te trague la tierra o salir a la calle con la sonrisa puesta en la cara. Ahí ya solamente eliges tú.

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  5. ni a tu juez interior le tenes que hacer caso, quedate con lo positivo, tratá de nunca boicotearte a vos misma,suerte.

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  6. He releído esta entrada unas cuantas veces, porque definitivamente, ME ENCANTA.
    Cuánta razón tienes. Siempre he dicho que no tengo peor enemigo que yo misma, pero el paso para dejar de juzgarnos, es como bien dices, aprender a querernos a nosotros mismos. No se juzga a quién se quiere, se le aconseja, se le guía, pero no se le critica con maldad, como en muchas ocasiones, hacemos con nosotros mismos.
    Un abrazo.

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