domingo, 11 de julio de 2010

34




Anoche no fue una buena noche para mí. Y no porque me pasase nada realmente grave, sino por culpa de esas de pequeñas tonterías que se presentan todas juntas y de repente te han jodido el día.

Estoy a la espera de que me salga algún trabajo para el verano, lo cual implica que no estoy en mi ciudad habitual, viviendo con mi novio en un piso y llevando mi vida como quiero, sino en casa de su madre. En principio todo muy bien, hasta que recuerdo que tengo que sentarme a la mesa y comer lo que me ponen. O hasta que mi cuñada comenta que mi pantalón de la 36 le queda flojo, cuando a mí me queda sólo un poquito suelto.

No quiero enfermar, pero siempre digo "un poco más" y no me conformo hasta que tengo lo que quiero. Bueno, primero quería 55 kgs, ahora quiero 50. Antes, ansiaba la 36, ahora, la 34. Por momentos siento que me he convertido en un puto número, en esa talla del pantalón de Zara que no me sube por las piernas, en una persona sin pies ni cabeza (sobre todo, cabeza) que no puede dejar de sentirse mal después de cada cosa que come.

Todo el mundo me dice que ya estoy lo suficientemente delgada, que con mi complexión no debería bajar más, pero ¿qué saben ellos de mi complexión? Si a los 15 años tenía una 40 o una 42 no era por "complexión", era por gorda, y no me importaba. De hecho, me parecía normal... pero ¿qué hago yo si ahora ya no puedo verlo como algo normal y saludable? Si cada cosa que trago me pesa en el estómago como un montón de piedras.

Siento que algo empieza a ir muy mal en mí, o ya lo hacía, pero empeora poco a poco. Espero estar exagerando y que cuando llegue a los 50 kgs me conforme, pero... no sé por qué, me cuesta mucho creerlo.

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