lunes, 28 de junio de 2010

Aires




Hay tantas cosas en la vida que nos gustaría ser... tantas, que no conseguimos acordarnos de la mayoría de ellas, y el resto procuramos olvidarlas porque aún no somos lo suficientemente buenas.

Sé que de pequeña soñaba con ser dibujante, actriz, escritora, médico, veterinaria, bailarina, cantante o modelo; de ser posible, todas esas cosas a la vez. Uno nunca se queda corto a la hora de soñar, pero sí a la de actuar, y muchas veces vuelve la vista atrás para darse cuenta de que en el camino se ha dejado casi todo a medias.

De repente nos preguntamos a dónde se habrá ido esa fuerza de voluntad que teníamos ayer para realizar nuestras aspiraciones, mañana llega sin que estemos preparados y procuramos dejarlo siempre para otro día. Consideramos, posponemos, rechazamos. Nos rendimos antes de empezar y acabamos echando una montaña de polvo mágico de sobriedad sobre todas esas fantasías sin sentido.

Sin embargo, de vez en cuando el duende se despierta dentro de nosotros. Lentamente abre los ojos y espía el mundo con rencor añejo. Al principio no lo notas, pero comienza a escarbar y a morder desde adentro hasta que es muy tarde y toma las riendas de tu vida. Se queja, con razón, de que te has dedicado a cumplir con los deseos de otros, a preocuparte por cosas que nunca antes te habían interesado lo más mínimo, a comprometerte, a pisotearte, a dejarte llevar.

Un día te levantas deprimida, otro día quieres volver a dibujar, al siguiente escribes dos párrafos, los borras y te piensas. Esa noche te arreglas para dar una vuelta, decides ponerte a dieta de inmediato, el ciclo vuelve a comenzar. Quizá no sea demasiado tarde para retomar esos proyectos olvidados y empezar otros nuevos., todas esas cosas que nunca te atreviste a probar están ahí esperando que las toques.

Oh, sí, somos una chica nueva.