lunes, 20 de diciembre de 2010

Lamentos y reflexiones de una gordita renegada


Me pasó algo curioso hace unas semanas. Como siempre que veo a una parte de mi familia (con la que me llevo muy bien, y no es sarcasmo) salió a flote el tema de que había bajado mucho, de que estaba muy delgada, de que si usaba la talla 36.

Eso derivó a: "entonces no usabas la 40 por complexión, la usabas porque estabas gordita", y eso derivó, cuando la cosa ya se pasó de mambo, a recuerdos de "la única forma de hacerte llorar cuando éramos pequeños era llamarte gorda", y eso derivó a "qué gorda estabas, gorda gorda gorda", cosa que yo corté diciendo algo como "al menos lo mío es el pasado, no mi proyección de futuro", repartiendo para quien se diese por aludido, y ahí se pasó a otro tema.

Obviamente a nadie le importó una mierda esa conversación, supongo que no lo estaban haciendo por lastimarme, porque objetivamente nunca he estado gorda, sino más bien rellenita en algún momento (usar una talla 40 si mides 1'65 no es ser una bola), así que nadie lo ve como un insulto. Salvo yo, claro. Cuando todo el mundo ya se había olvidado del tema, yo seguía aguantándome las ganas de llorar. Creo que llevaba años sin sentirme tan atacada (porque yo desde mi poca autoestima lo sentí todo como un ataque), me sentí la última mierda del mundo y la verdad es que me sentí igual de gorda ahora con 51 kilos que entonces, a los 9 años, a los 13, a los 16.

No tolero nada bien las críticas, mucho menos las burlas, las más tontas, aunque sean bien intencionadas. Sé de sobra que lo que se cuece allí no es burla, es preocupación, que media hora después alguien me estaba mirando con cara de espanto porque se me ven los huesos de la cadera y me decía "estás demasiado delgada". Casualmente el mismo que me llamaba gorda cuando ambos éramos pequeños.

Lo que sí me ha quedado claro es que no puedo, bajo ningún concepto, dejarme llevar como antes. Y no porque no se rían de mí, porque está claro que reírse, se reirían igual con cualquier otra cosa, o incluso recordando el pasado, sino porque al menos ahora, aunque mi primer impulso sea sentirme fatal y obesa, me queda la parte racional que me dice "eh, que no es cierto". Si engordase, esa vocecita desaparecería, porque realmente estaría gorda, y entonces no habría consuelo. No sé si esto tiene sentido, pero vamos, que no puede ser. O aprendo a quererme más o a controlarme, y se me da mejor lo segundo, porque lo primero lo veo bastante imposible.

En cuanto a la entrada anterior... bueno, nada nuevo. Simplemente me pasé la semana comiendo como una desgraciada, mi culo se convirtió en un cementerio de alfajores y chocolatinas, y esa noche cené muchísimo, con lo cual me acojoné, me llamé de todo, me odié, escribí la entrada, me lamí las heridas y me fui a dormir. Afortunadamente ya lo he arreglado y vuelvo a pesar 51,3. Si consigo no beber refrescos estos días (cosa que me parece absurdamente difícil) a lo mejor hasta me deshincho un poco y consigo ver el glorioso 50, quién sabe.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Fracasos



La meta, cualquiera que sea, se divisa a lo lejos un buen día.

Un paso hacia delante significa triunfo.

Un paso hacia atrás (cien hacia atrás) significa fracaso.

Así de lógico, así de simple...

Pero duele afrontar las consecuencias de los actos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Preparativos



No me gusta mucho escribir entradas vacías. Cuando abro el blog y siento que no tengo nada realmente interesante que contar, ninguna reflexión que ofreceros o ninguna paranoia descomunal que no me deja dormir, vuelvo a cerrarlo y espero a que tarde o temprano se encienda la chispa en mi cabeza. Sin embargo, me parece que llevo muchos días sin dar señales de vida, y quizá si alguna se acuerda de mí haya llegado a preguntarse: "pero y esta mujer, ¿dónde se mete? ¿por qué no está visitando mi blog, echándome la bronca?, con lo que le gusta".

Pues bueno, aquí estoy. No echándoos la bronca por nada (de momento al menos, jaja), pero sí viva y de pie. Más bien, sentada, pero bueno, eso no importa.

Mi peso oscila de forma extraña, he tenido la regla esta semana, me ha durado bastante más de lo habitual, y estoy esperando a ver si hoy por fin se ha acabado o me quedan aún unas horas. De ello depende que me vuelva loca, o no. Os explico: durante la regla al levantarme pesaba 52, 51 y siete, 51 y medio, 51.200... ¿reteniendo líquidos? Eso tendría que significar que en cuanto me marchase la regla pudiese asomar incluso el 50, pero hoy me he levantado, me he pesado, y peso 51.8 aprox. ¿Alguien entiende por qué? Se supone que al ser el último día de regla, si no es que se me acabó del todo, debería pesar mucho menos, no más. Pero bueno, misterios de la femineidad, supongo... si mañana sigo tirando hacia los 52 más que los 51, me enfadaré. Mucho.

Como veis, continúan mis planes maquiavélicos para Fin de Año. Tengo planeado el peso (estoy trabajando en conseguirlo, la parte difícil), tengo el vestido, tengo los zapatos, las medias, me echo crema tonificante en las piernas todas las noches, he fichado el maquillaje, la base, y el peinado... ¡incluso una cámara de fotos nueva -antes usaba el móvil!. Nunca me había preparado con tanta antelación, de hecho, siempre me preparaba esa misma noche con lo que tuviese a mano, pero este año me apetece hacerlo diferente y lucirme tanto como pueda. Quién sabe si después me dará la neura y el año que viene pesaré el doble de lo que peso ahora, jaja. Habrá que aprovechar.

Por cierto, que sepáis que la que os escribe lleva ahora mismo unas pintas que ni Lady Gaga de resaca: una camiseta con un dibujo de baloncesto, un pantalón de pijama viejísimo largo, pero subido hasta las rodillas, medias negras de licra hasta donde acaba el pantalón, y los zapatos de Fin de Año con un tacón de 12 centímetros. Vamos, que como me los compré el otro día los estoy poniendo a prueba... a ellos y a mí, que no estoy acostumbrada a usar tacones tan altos. Me sacaría una foto pero la vergüenza me impediría enseñársela a nadie...

Que, hablando de fotos, pienso sacarme muchas con el vestido y antes de La Noche también. Quería que vieseis el atuendo antes de ponérmelo como definitivo y me dieseis vuestra opinión, pero sincera, ¿eh? que de nada me vale ir fea o con algo que no me favorezca. Pero bueno, ya os enteraréis cuando lo haga.

Un beso a todas, os leo en vuestros blogs.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Almuerzo




Me desperté a las siete de la mañana, desayuné a las ocho, me muero de hambre. Me apetece desesperadamente pechuga de pollo, aunque sea al microondas. Y es extraño, porque la como bastante a menudo (es fácil de preparar, es carne y de lo más bajito en calorías), pero me comería un buen filete ahora mismo, con las manos de ser necesario. Son las doce del mediodía pero no podré comer hasta las tres o cuatro, y la verdad, me está dando paranoia hacer una parada para almorzar y calmar el agujero negro en mi estómago. La Coca-Cola Light ayuda, pero no es milagrosa, y llevo unos días comiendo fatal por culpa de una semana bastante ajetreada y muchos compromisos con familia y amigos (comida, comida, comida -y de la mala).

Estoy preocupada por culpa de esto, y porque ya falta poco para Noche Vieja. Me he prohibido absolutamente bajo ningún concepto en el mundo subir un sólo gramo, como mínimo mantenerme en 52 kgs., y de momento parece que lo estoy cumpliendo... pero lo que me jode es que cuando ya había visto por fin el 51 en la báscula, me tuve que poner hasta el culo de Red Bulls, Coca-Colas, pizzas y chocolates y demás, y ahora ya no sé si es que volví a engordar hasta 52, si estoy hinchada con tantos refrescos y comida basura, si es por no dormir, si me va a bajar la regla, si me peso en los momentos equivocados del día. Quería pesar 50 kgs. el 1 de enero del 2011, pero no sé si será posible.

Soy muy cabezota, y llevo todo el 2010 obsesionada con mi peso, así que me pareció buena idea llegar al límite y acabar con esto de una vez, pero sé que si me pongo una fecha límite para bajar hasta X, estaría cometiendo un error. La cuestión es: ¿cometerlo o actuar como una persona racional e inteligente que sabe lo que hace? Aún no lo he decidido, ni sé si podré decidirlo realmente.

Sí, soy Doña Control No Tengo Un Problema, soy Doña Como Todos Los Días Y Bajo De Peso, soy Doña Estoy Delgada Porque Tengo Gastritis, soy Doña Los Más Adecuados Consejos A Las Pobres Anoréxicas, soy Doña Haz Esto Haz Lo Otro Cuida Tu Salud Dieta Equilibrada No Ayunes, soy Doña Sigo Pesando Lo Mismo Aunque Tú Me Veas Más Delgada, soy Doña Pómulos Sobresalientes, Doña Manos Heladas, Doña ¿Y Si Vomito?, Doña Seguro Que Cuando Pese Tres Kilos Menos Pararé Y Todo Irá Mejor.

No sé qué me da miedo, no sé si debería aconsejaros cuando yo quizá estoy haciéndolo mal, no sé si es que estoy paranoica, si soy una exagerada, no sé si es bueno creer que estoy bien y que no estoy enferma, a lo mejor estoy siendo demasiado alarmista cuando digo estas cosas, a lo mejor es normal creer que estoy perfectamente porque estoy perfectamente, a lo mejor es que antes estaba más obsesionada y ahora se me ha pasado y por eso ya no siento el peligro inminente, o a lo mejor es que he acallado el sentido común con una patada en la boca y por eso ya no puede hablarme ni advertirme de lo que hago mal.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Felicidad




Creo que es la primera vez, o una de las poquísimas veces, que escribo una entrada porque estoy felizmente eufórica. Y quizá el día no empezó nada bien: me levanté temprano para que el autobús no pasara hasta media hora más tarde, de modo que perdí el tren y tuve que ir al dentista en otro, con lo cual llegué tardísimo a mi destino y tuve que almorzar de camino a la clínica, a toda máquina, además de que empezaba a chispear.

Pero de repente:

Mirando ropa, porque sí y sin intenciones reales de comprar nada, encontré el vestido perfecto para Fin de año, un vestido rojo pasión, muy cortito y ceñido, porque nunca me puse un vestido así antes y ya va siendo hora de que después de tanto sufrir con la dieta pueda lucir algo de lo que tanto me ha costado. Siempre me he vestido muy clásica, preferentemente al estilo de las primeras décadas del XX, con vestiditos preciosos en blanco y negro, recatados y muy finos. Y este año me apetecía cambiar eso también, como el resto de las cosas, así que... lo dicho, rojo rojísimo (un color que me sienta muy bien), super corto y super ceñido. Y lo mejor, ¿sabéis por qué estaba rebajado?... ¡porque sólo quedaba una talla!

¡La talla XS!

A primera vista me encantó el modelo y me desilusioné muchísimo cuando vi que era tan pequeño, pero me gustaba tanto que decidí probármelo pese a mis escasas ilusiones, y... Dios mío, ¡me sirve! ¡me queda como un guante y es una puta XS! Aún no puedo creérmelo, creo que acabaré enmarcando la etiqueta y poniendo un altar a sus pies. Ni en mis sueños habría podido esperar calzarme un vestido de la XS (de una tienda de tallas estándar, de las de Amancio, vamos)... las S ya me quedaban justitas la última vez y no creí que fuese a ocurrir el milagro de las Navidades tan pronto. Pero vamos, que sí, y que estoy encantada.

Y por cierto, que de una L he pasado a una XS en menos de un año... y COMIENDO. No he ayunado ni una vez. He hecho cinco o mínimo 3 comidas al día, todos los días. No soy una santa y reconozco que muchas veces me comido menos calorías de las que necesitaba, pero siempre controlando y juraría que no he bajado de las 500 por día. Ahí lo dejo...

Otros sucesos alentadores fueron, por ejemplo, que me fue genial en el dentista y por fin acabé con la muela del demonio, al menos de momento. No me tuvieron que anestesiar, ni nada, porque lo que me hacía no dolía, aunque sí me dio algo de grima, pero bueno... no me duele NADA y ya no tengo un agujero en la muela... ¡Bien!

Y por último pero no menos importante: he hablado con mi padre. Pretendía decirle que quería recobrar mi relación anterior con él, que le echaba de menos, que quería que siguiese siendo mi padre y que tenía miedo de que por todo el lío que se armó con el asunto de mi madre y su novia (también conocida como mi nueva madrastra), no me quisiese más, o que creyese que sólo quedaba con él para que me diese dinero. Pues bien, me atreví y se lo dije. Le dije todo eso y quedamos al borde de las lágrimas los dos en medio de la cafetería, de hecho, se quedó conmigo mucho más tiempo del que se queda normalmente, porque le dije también que nunca nos veíamos y que si nos veíamos era sólo un ratito, y que lo necesitaba como padre, pese a todo lo que pasó, que seguía siendo mi padre y que lo quería igual y no podía perderlo. Me costó muchísimo decirlo, soy muy reacia a decir lo que siento o lo que pienso, pero no tenía nada que perder...

Y funcionó.

Me pidió perdón si alguna vez me dio a entender que ya no me quería como antes, que siempre fui su hija más mimada y que seguía siendo así, que siempre me había querido igual y que eso no cambiaría. Que pasaría más tiempo conmigo, que él también me echaba de menos y que le alegraba muchísimo que le hubiese dicho esas cosas. Que no eran una tontería (empecé a soltar todo eso con "tengo que decirte algo, es una tontería, pero..."), que eran cosas importantísimas y que sentía mucho si me hizo daño con todo lo que pasó de aquí a unos años atrás. Después me llevó a la estación de tren, y nos despedimos con un abrazo como hace tiempo no nos dábamos. En el tren, hice esfuerzos por no llorar y me puse a leer, conseguí evadirme al menos por un rato de toda la tensión acumulada. Sin embargo, de vez en cuando se me escapaba un pensamiento que me decía algo así como "menos mal que lo hiciste, cualquier cosa podría haber pasado y te habrías quedado con las ganas de hablar, que la vida es corta y frágil..."

Y eso, que al final resulta que fue un gran día. Gracias a todas por los ánimos que me habéis dado, sobre todo con respecto a este último punto con mi padre, me han ayudado a atreverme.

martes, 30 de noviembre de 2010

Nostalgias



Me he dicho a mí misma que hoy tenía que actualizar el blog, que ya lleva una semana igual, y como no tengo mucho que contar (o a mí no me lo parece), se me ha ocurrido hablaros un poquito de mí de una forma un tanto peculiar: presentándoos a algunos de mis personajes de dibujos favoritos a lo largo de mi vida.

Supongo que muchas de vosotras habéis leído por ahí, o incluso os habréis sumado, a la iniciativa que se extendió vía Facebook consistente en poner como tu foto de perfil a algún personaje de las series, dibujos o juguetes de tu infancia. A mí me ha costado elegir a uno solo, y tampoco es cuestión de cambiar de foto todos los días, así que he pensado rendir un homenaje a mis recuerdos en mi blog. A ver cuántos os suenan, y en cuáles coincidís conmigo. Si os apetece, también podéis hacer una entrada sobre esto en vuestros blogs, como si fuese un meme, vamos ;). Intentaré hacerlo más o menos por orden de descubrimiento...

Y os presento a:

Penélope Glamour, que me encantaba de pequeña. ¿Por qué?, porque era guapa, femenina y rubia. Sí, de pequeña me encantaban las rubias... supongo que porque yo era rubia y me sentía identificada o algo así. Después el pelo se me oscureció... pero ya hablaremos de ello.

Buggs Bunny, porque era un cabronazo, ni más ni menos. Posteriormente incluso Lola Bunny, su alter ego femenina... supongo que porque era como él pero en chica.

Félix el gato, porque tenía un bolso mágico que se transformaba en cualquier cosa, y porque era un gato. Adoro a los gatos.

Tom y Jerry. No podría elegir cuál de los dos me gusta más...

Pepe Le Pew, ¡me tenía enamorada! Mira que era pesado...

Angélica Pickles, de Rugrats, porque era mala, marimandona, manipuladora y caprichosa y tenía un gato persa blanco, una habitación enorme llena de juguetes, galletas siempre que quería. Era la jefa absoluta.

Sailor Moon, la protagonista del primer anime que vi. Me gustaban sus coletas larguísimas, su traje, su gata parlante, sus poderes... aunque también me gustaba mucho Sailor Venus (ahora la prefiero a ella), básicamente porque era guapísima y estaba como una cabra, además de que anteriormente había sido Sailor V (guerrera antes que ninguna), luchando sola y... ¡tenía su propio gato! A estas alturas de mi vida, me fastidiaba un poco que todas las heroínas de los dibujos fuesen rubias, porque mi pelo se estaba oscureciendo y ahora era del castaño claro que me quedaría para siempre.

Misty, de Pokémon... porque era la única chica del grupo protagonista, porque, ¡milagro!, no era rubia, porque era una pesada pero en el fondo era graciosa, y porque tenía a Togepi y siempre me gustaron su Horsea y su Starmie.

Hikari Yagami, de Digimon, porque tenía al mejor Digimon de todos y porque aun siendo pequeña le echaba un par de huevos...

T.K., de Digimon, porque era el más pequeñito de la serie y era monísimo.

Sakura, de Cardcaptor Sakura, mi anime favorito. Me gustaba porque no era rubia, de hecho, tenía el pelo castaño (algo que no había encontrado en el anime nunca antes), y porque era tan buena que me daban ganas de pegarle para que espabilara. Bueno, eso más ahora que antes. Y supongo que también se ganó mis respetos por enamorar a...

Shaoran, de la misma serie. Y si me pusiese a enumerar por qué me gusta este personaje, acabo dentro de tres días... resulta que es mi (cof cof) amor platónico (cof cof) de los dibujos animados de mi infancia. Y no tan infancia, creo que algo enamorada, jajaja. Era un borde, pero tan mono... además de que también lo hay en versión Tsubasa Reservoir Chronicles, algo más mayorcito y más guapo si es posible :P.

Edward Elric, de Full Metal Alchemist, y por igual su hermano Alphonse. El primero era el hermano mayor, más maduro y responsable (aunque más bajito...), y el segundo, aunque más pequeño, aparentemente más poderoso, aunque tenía demasiada fe en la humanidad para mi gusto. Me parecen unos personajes entrañables, además de, claro está, muy guapos. Pero eso sólo es apreciable por las mentes enfermas que creen apreciar que un dibujo animado puede estar bueno...

L Lawliet, de Death Note, por ser ese genio loco que se sentaba en cuclillas y sólo comía cosas dulces. Adorable.

...Y creo que hasta aquí. Seguro que me he dejado a alguien en el tintero, pero no importa. Me parece que para una sola entrada ya es lo suficientemente denso. Espero que al menos alguien la haya leído, con el trabajo que me dio buscar las mejores imágenes de cada uno :P.

Y por cierto, muchísimas gracias por los ánimos, y los tirones de oreja de la entrada anterior, creo que me hacían falta. Muchas me habéis dejado en vuestros comentarios el corazón y os lo agradezco. Sabed que lo tendré en cuenta.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Proyecto fallido de escritora



Hay cosas que, por algún motivo conocido o desconocido, nos gustan demasiado. Nos gustan lo suficiente como para pasarnos horas o días o meses (incluso años) reflexionando sobre ellas, observándolas, queriéndolas u odiándolas. Cada quien tiene su límite en estos aspectos, a algunos dichas etapas les duran poco y a otros mucho, a veces hasta toda la vida. Yo soy de las de breve pero intenso... muy intenso.

Soy de esa gente a la que si se le mete algo entre ceja y ceja, se obsesiona hasta lo enfermizo y de repente toda su atención se dirige a aquello que tanto le atrae. Lo analizo sin descanso, lo pongo patas arriba, patas abajo, le doy vueltas, imagino todas las situaciones posibles, lo pruebo, me sacio, lo expulso porque de repente me he cansado de él hasta el punto de que me hace odiarlo. Hago esto con muchas cosas, y cada cosa ha tenido su tiempo de degustación, y tiene que pasar un tiempo para que pueda volver a acercarme a La Cosa... ya no existe la misma pasión, es cierto, pero me ha hecho volver porque en el fondo la echo de menos y quiero recordarla.

Esta semana, por ejemplo, con todo el asunto del dentista y de que me encuentro siempre mal como para salir de casa (dejando de lado el hecho de que llueve TODO el rato...) he vuelto a ver capítulos de series que me gustaban mucho en mi infancia, y he estado a muy, muy poco de volver a escribir algún fan fic, cosa a la que me dedicaba antes (modestia aparte, me había vuelto realmente famosa, en lo que a los autores de esa serie se refería), y que ya no quería hacer porque me apetecía escribir mis historias con mis propios personajes.

Lo malo de todo esto es que no he conseguido escribir nada desde que lo dejé, y eso me pone enferma. Quizá es que me lo estoy tomando demasiado en serio, que pretendo que la primera cosa que escriba se convierta en el libro del siglo y entonces nunca lo empiezo porque pretendo que a todo el mundo le guste. Es decir, que al no estar escribiendo por placer, me bloqueo. Porque no escribo para mí, sino para los demás, y entonces me atasco. Algo que jamás me pasó con un fan fic, término que me pareció lo bastante poco serio como para poder jugar con la trama a mi antojo y escribir cientos de páginas sin quedarme seca en ningún momento.

La verdad, creo que tengo demasiado miedo a escribir cualquier cosa porque me lo planteo a mí misma como algo serio y profesional, como mi futuro, como algo en lo que no puedo equivocarme, ni ser demasiado infantil, ni demasiado recargada, ni demasiado simple, ni demasiado aburrida, ni demasiado clásica, ni demasiado innovadora... Me da miedo escribir, ¡es terrible!, y me pasa lo mismo a la hora de dibujar. Nunca he podido dibujar bien cuando era para algo serio, siempre me ponía nerviosa y lo hacía peor de lo que lo hacía para mí misma; nunca he vuelto a retomar mis comics de hace años porque soy demasiado insegura y me llenaría de temor que alguien los viese y se riese de mí. Me ha pasado siempre, lo confieso: de pequeña me pasaba la vida dibujando pero nunca dejaba que los adultos viesen mis dibujos... sólo se los enseñaba a otros niños, si eran mis amigos, supongo que porque no me sentía inferior a ellos.

La verdad, me da rabia ser así, pero aún no he conseguido enfrentarme a ello ni enseñar nada de lo que hago salvo por Internet, con un pseudónimo, un falso personaje que escribe o dibuja y en poco se parece a mí. Mi novio, después de años de insistir "conoció" a la autora de los fics, leyó sus notas personales de final de capítulo y me dijo que la odiaba, que era una falsa y que no era yo para nada... la parte buena es que las historias, que escribí hace mucho, sí le parecieron cojonudas (dentro de lo que cabe y habiéndolas escrito con 16 ó 17 años), y de hecho le va contando a todo el mundo que dibujo y escribo de puta madre, con lo cual, me siento muy animada a ello... por un lado, y por el otro sobrevive mi acojone.

Lo que me queda claro es que tengo que aprender a vencer ese miedo estúpido a salir adelante y a pasarme por el forro las críticas no constructivas sobre mí o sobre mi trabajo (¡que nunca he tenido!), porque es un miedo muy tangible sobre algo inventado por mí, sobre algo que no ha pasado ni tiene por qué pasar, pero es un pánico tan real que me frena tanto como un muro de hormigón delante de mi cara.

...Y por cierto, tengo pensado cambiarle de nombre al blog, porque el que tiene ahora desde el primer momento fue un nombre provisional. Así que no os asustéis si veis que de repente pincháis en mi nombre y os conduce a otro sitio, ¿vale?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Post mortem


Hola, hola, desde aquí reportándose vuestro proyecto de zombi favorito. Son las 3:23 de la mañana y me caigo de sueño, pero no puedo dormir. ¿Que por qué?, es fácil: cierro los ojos y oigo un "zzzzzuuuuuummmm" de taladro en los dientes, o recuerdo el dolor de ayer, y me tengo que poner a hacer otra cosa.

Como habréis deducido, ayer pasé por el dentista, y a su favor diré que el señor dentista se portó muy bien conmigo, como siempre, pero el problema fue... o los problemas fueron, más bien, que:

a) parece que soy inmune a la anestesia.
b) mis muelas tienen las raíces:
- muy curvas
- muy largas

... con lo cual el señor dentista me inyecto anestesia dos veces en la mejilla y una más en el nervio de la muela (dos segundos de un dolor MUY intenso), aparte de la anestesia que me tenía que echar todo el rato por encima. Y lo peor es que aún así yo seguía sintiendo, de vez en cuando, un dolor punzante, cuando las limas que tenía que meter por los conductos de la muela llegaban al final de los mismos. Estuve tres horas en la consulta, al pobre dentista creo que no le salió nada rentable en relación horas-precio, porque vamos, yo lo pasé fatal, pero él tampoco lo pasó bien. El pobre lo tenía difícil con la situación del diente y mi inmunidad a los anestésicos, pero bueno... Al acabar me preparó un café cortado la recepcionista, porque me moría de frío (no había comido mucho y el dolor tan prolongado me dejó hecha una piltrafa), y ya reviví un poco.

Ahora mismo sigo con Ibuprofeno y los antibióticos, estoy agotada (creo que la anestesia me dejó alguna especie de resaca), todo me cuesta el triple, tengo sueño, malestar general... y la muela con una especie de empaste extraño que tengo que tener hasta dentro de 11 días, que será cuando me lo quiten y me pongan la cubierta final. Ojalá todo salga bien y no tenga que hacerme nada más en esa muela, porque si no me muero.

La parte buena, si la hay, es que además de que si todo marcha bien la puta muela no me volverá a joder nunca más (o hasta dentro de años), y que además, con el dolor que tengo en la mandíbula no me apetece masticar nada, por ende, no estoy comiendo mucho. Esto me viene bien porque últimamente no conseguía dejar de comer "demasiado", es decir, seguía comiendo igual con lo que no bajaba nada, y las pastillas que estaba tomando las suspendí con lo del tratamiento del diente, por si acaso.

Por cierto, las pastillas son pastillas de naranja amarga, citrus arantium, y se venden en las farmacias (supongo que también las habrá en los herbolarios), valen unos 9 euros. Tienen sinefrina, una sustancia que se supone ayuda mucho en las dietas de pérdida de peso porque hace que el metabolismo se te active. Y es cierto, en cuanto empiezas a tomarlas, de allí a unos minutos te sientes con un montón de energía, como si te hubieses bebido un Redbull, y tienes más hambre durante todo el día (lo cual es una putada, pero es la prueba de que son efectivas). Para compensar el hambre, supongo que lo mejor sería tomarlas junto con pastillas para reducir el apetito, o comer cosas muy saciantes, como las barritas que todas conocemos. Algunas están muy ricas y todo.

En cuanto al tema de mi cuñada... la verdad es que espero que lo que le dije haya servido para algo. Y si os soy sincera, estaba esperando que me diese la oportunidad, algún día, de decirle un par de cosas, por las buenas o por las malas. No me gustan las discusiones y suelo simplemente evitar a la gente que me da problemas, pero llega un punto en el que me enfado tanto que sólo quiero soltarlo todo, y en ese entonces me vuelvo una borde y no me corto nada, como pasó el otro día, creo que fui incluso más suave de lo que podría haber sido porque con el dolor de muelas no estaba para montarla de verdad. En cualquier caso, a ver qué hace.

Tengo ahora mismo una tormenta eléctrica sobre mi cabeza, así que dejo aquí la entrada por si se corta Internet. Y os pido perdón por no haber pasado por vuestros blogs como hago siempre, pero es que con lo de los dientes estoy fatal y no tenía ganas de nada, y si no es para daros ánimos mejor no comentar, que para lloriqueos ya tengo esto.

Un beso a todas, pero despacito, que me duele...

PD: Mientras estaba sufriendo las 3 horas de tortura, me dije a mí misma que no tengo ganas de saber lo que duele un parto, ni la epidural. Que aquí va a parir su p**a madre...

PD II: Nana, me alegro de que mi comentario te haya servido y sobre todo que no te lo hayas tomado a mal, porque a veces es lo que ocurre y los deseos de ayudar se convierten en una discusión sin ninguna finalidad sobre si está bien o no (¿bien o no?) comer. En cualquier caso, espero que estés en el camino correcto y no te metas en algo en lo que, créeme, nadie quiere acabar, porque no estamos hablando de adelgazar simplemente. Hay que tener cabeza, que un chute de heroína puede estar muy bien, pero también puedes convertirte en un yonki antes de que te des cuenta y eso en ningún caso es lo que queremos, ¿cierto? Me alegro de que te lo hayas pensado mejor, y recuerda que sí se puede adelgazar sin necesidad de ningún método tan drástico, a lo mejor simplemente no has seguido la dieta adecuada. Para eso tienes médicos especializados en el tema, o incluso te puedes apuntar en sitios como Naturhouse, que aunque te venderán pastillitas que en mi opinión son más placebos que otra cosa, te darán buenos consejos y te estarán encima para que no vaguees ni tampoco te pases con la dieta. Tú eliges, por supuesto.

martes, 16 de noviembre de 2010

Hasta las cejas



Me siento un poco atolondrada ahora mismo, estoy hasta arriba de antibióticos y Paracetamol y mi cabeza se desordena más con cada pastilla que tomo; esta mañana tuve que volver a entrar a casa a buscar cosas que se me olvidaron no una, ni dos, sino tres veces. Es la hostia...

Supongo que os preguntaréis por qué soy como la encarnación de Bunny Tsukino, pues bueno, os lo diré: estoy fatal de una muela. Ha estado peor otras veces, con mucho más dolor, pero esta semana por fin me decidí a ir al dentista (soy la persona más acojonada del mundo para estas cosas), y estoy medicada para mantener a raya la inflamación, así mañana me pueden hacer el tratamiento correspondiente. En este caso, un tratamiento de conducto (básicamente me "vacían" la muela y me la rellenan con una especie de cemento, para posteriormente colocarle una cubierta). La verdad es que no estoy tan acojonada como el viernes, cuando pisé la consulta la primera vez, este dentista me inspira confianza y además todo el mundo me ha dicho que ni te enteras de lo que te hace. Entonces, perfecto.

Por otro lado, los antibióticos y el Paracetamol se están follando mi ya de por sí maltrecho estómago, que iba algo mejor gracias a las pastillas que estaba tomando para aumentar la tasa metabólica. Quizá mi problema es que mi digestión se había vuelto vaga al comer tan poco y por eso todo lo que comía me molestaba... me pregunto si sería lo mismo que me llevó a no comer nada de pequeña, en aquella época en la que de los 5 a los 9 años era como un cadáver en el sofá, llena de huesos y ojeras. Me imagino que no. Me imagino también que nunca sabré por qué coño era una niña anoréxica ni por qué la comida me daba tanto asco. Así como vino, se fue, y aunque a veces llama a la puerta mejor que se quede afuera.

(...)

Un beso, guapas. Os leo en vuestros blogs.


PD: El silencio de mis pensamientos, siempre leo tus comentarios y los agradezco mucho, me gustaría poder hablar contigo pero no sé cómo contactarte. No tienes blog, me parece (si lo tienes es que soy imbécil y no lo vi xD), y no sé si por blogger se pueden mandar mensajes privados, así que... ¿vía de contacto? :) Espero que tengas mi proposición en cuenta y que me dejes conversar alguna vez contigo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Milagro. Una promesa.



Me parece que hoy ha ocurrido un milagro, y es que a las ocho de la mañana me desperté y ya no tenía sueño, con lo cual aquí estoy, a las nueve y algo, después de haber desayunado, actualizando el blog que tan olvidado tenía. Fuera hace un día precioso y me siento con un montón de energías, no sé exactamente por qué, pero miro hacia fuera y me siento simplemente bien. En cuanto el baño quede desocupado, toca ducha y después hacer la compra, preparar la comida, y quizá dar un paseo.

Como quizá habréis notado (o quizá lo he notado yo sola, porque mi frecuencia de actualización no cambió mucho realmente), me he tomado un pequeño respiro. Mi última entrada, la entrada sobre mi padre, me ha hecho plantearme muchas cosas, y también vuestros comentarios me han ayudado mucho. Así que podría decirse que me he tomado esta semana para pensar mucho sobre el tema y al final he decidido que hablaré con él en cuanto vuelva de sus vacaciones en Argentina, porque no pierdo nada con ello. Es decir, en el peor de los casos seguiría como estoy y aunque hay sólo una mínima posibilidad de mejora, quiero ir a por ella. Me estoy acostumbrando a ir a por lo que quiero más que nunca.

Y hablando de ir a por lo que quiero... ahí entra mi otra cuestión, la del peso. No sé si os pasa también, pero hay días que me pongo muy paranoica con el tema y otros días en el que me digo que soy una exagerada. Pero como he aprendido cómo soy a lo largo de mi vida (y sobre todo en la adolescencia...) creo que más vale prevenir que curar. Me recuerda a cuando estaba enamorada y me lo negaba hasta el último momento, pero con algo que podría llegar a ser muy grave, un asunto de vida o muerte, un contrato de libertad o esclavitud de por vida.

Sinceramente, sé que tengo un problema con la comida, aunque no creo que sea anoréxica. Es decir, tengo hábitos malos, muy malos, y algunos síntomas de la enfermedad, pero no creo que esté desarrollada. Lo que temo es que llegue a desarrollarse, porque la siento ahí, latente, esperando el momento propicio para salir y no pretendo permitírselo. Me he informado todo lo que he podido para poder atajarlo como sea, para luchar contra una enfermedad silenciosa que se come a la gente sin que se den cuenta. Yo quiero verla venir, como cuando me gusta alguien. Quiero saber que me gusta y obrar en consecuencia, sopesar todas las posibilidades, los pros y los contras. En este caso, obviamente, los contras son demasiados. De modo que la pasión mejor dejarla para otras cosas...

En fin, yo iba a contaros mi decisión, y es la siguiente: en vista de que por mucho peso que baje no me siento satisfecha, en vista de que parece que se me olvida comer muy seguido, en vista de que no quiero vivir con hambre ni morir con ella (mucho menos que me mate), en vista de que quiero mantener mi relación, mi familia, mis días, en vista de que quiero pensar en otra cosa aparte de las calorías, en vista de que mi salud nunca ha sido muy buena y ahora está peor que nunca...

...he decidido ponerme un límite, y es el siguiente: 49 kgs.

Con 1,65 de altura y 49 kgs. mi IMC sería de 18,0. Justo el límite. Y os confieso que al escribir "límite" y "49" me he sentido terriblemente tentada a agregar un anexo como "bueno, en realidad 48, para quedarme definitivamente en 49 llevando una dieta normal después"... y cabe destacar que el 49 era justamente un kilo menos que con lo que quería quedarme: 50.

Creo que puedo llegar hasta los 49 kgs. con tranquilidad, pues estoy en los 52-53, depende del día (y últimamente llevo una dieta malísima y se nota), he llegado a ver incluso el 51, así que después de haber perdido 10 kgs. en dos meses, esto tiene que ser fácil. O al menos eso espero.

¿Por qué es mi límite? Bueno, porque tendría un IMC lo suficientemente bajo como para que fuese peligroso bajar más y lo suficientemente alto como para considerarme saludable. Además, siendo realista y objetiva, creo que con 49 kgs., para mi constitución y altura, estaría lo suficientemente delgada, de hecho, más delgada, pero como probablemente yo no lo veré y querré seguir bajando, ahí está el tope.

Si conscientemente bajo de los 49 kgs., me preocuparé en serio y dejaré de llamarme exagerada, aparte de que mi novio no es gilipollas y está muy al tanto de cuánto peso y cuánto no. Está también al tanto del plan, cosa que he hecho por si me da por desobedecerme a mí misma en pos de bajar algún kilillo más. Cualquier precaución es poca, conociéndome. Y sé que aun así el riesgo es alto.

Y bueno, supongo que no tengo mucho más que contar, aparte de que estoy tomando desde hoy unas pastillas de naranja amarga que venden en las farmacias. Leí sobre ellas en Internet y me decidí a probarlas, tienen sinefrina, lo cual se supone que está muy bien para adelgazar porque te activan el metabolismo y supuestamente quemas más calorías. A ver si es cierto.

Un beso, guapas. Me pasaré por vuestros blogs a ver qué contáis, ha sido una semana muy larga.

domingo, 24 de octubre de 2010

Padre



No siempre es bueno recordar las veces en las que alguien te dijo que te quería, sobre todo si en ese momento, o durante semanas o meses o años lo creíste como una verdad irrefutable, una verdad tan grande que te parecía estúpido siquiera ponerlo en duda.

¿Por qué no iba a quererme?, pensaba, es mi padre. No cabían en mi mundo padres que no quisiesen a sus hijos, salvo quizá algún ogro desalmado que abandonase a su hijo en algún lugar muy lejos de mí y de mi universo. Ninguno de esos seres existía para mí en realidad.

Anoche recordé que cuando era pequeña yo solía preguntarle a mi padre si me quería, y él me decía que sí. Entonces invariablemente yo le preguntaba cuánto, y él me respondía con lo más grande que se le ocurriese: hasta la luna, o las estrellas. Nada me parecía suficiente entonces, pero me reía porque en el fondo creía que no había ningún amor tan grande aunque no pudiese describirse con palabras.

Ahora miro hacia atrás y cuando recuerdo esos momentos se me hace un nudo en la garganta, o me echo a llorar si me coge con la guardia baja. No es que esté pensando todo el día en ello, ni todos los días, pero es esa clase de dolores que salen sin previo aviso a la superficie y te desbaratan. Cuando me pasa, un millón de recuerdos preciosos afloran y es amargo comparar aquella felicidad despreocupada con el presente, con el desarraigo que quizá conlleva la madurez en todas las personas. No sé si se sentirá así el cachorro de león que tiene que valerse por sí mismo llegada su madurez, o si a cada uno de nosotros nos desgarra el mismo dolor y desamparo al recordar nuestra infancia, pero lo cierto es que para mí se vuelve especialmente molesto.

En días así me pregunto ¿cómo hemos llegado a esto? Cierto es que tuve problemas con mi padre estos últimos años, desde su separación con mi madre, y al ir a vivir con él y su novia. De hecho escapé de ese ambiente malsano porque ella me hacía la vida imposible y yo se la hacía a él, de rebote, en alguna especie de venganza o de cura a mi dolor.

Pero ahora que las cosas se han relajado, que nos hemos pedido perdón... ¿no hay forma de volver atrás? Ahora que todo está bien y que él tiene su vida y yo la mía, ¿por qué no puedo verle nunca? Nos encontramos para tomar algo a lo sumo una hora cada una semana o dos, como a escondidas, supongo que porque a ella no le hace gracia que se vea conmigo. Siempre con prisas, siempre mirando el reloj. Nos damos un abrazo, yo me siento enferma y le echo de menos, las entrevistas son demasiado vacías. "Estás demasiado delgada", dice, y mientras me excuso con la gastritis interiormente siento que el hambre sirve para llamar su atención de una manera triste y desesperada. Está preocupado, no sé qué cree que hago con mi vida, pero con todo y su preocupación las cosas siguen igual. No me llama. No me busca. No se acuerda de que existo.

Si él me prometió que se separaba de mi madre pero nunca de mí, ¿por qué siempre estamos lejos?

¿Por qué la eligió a ella?

Yo soy su hija y debería quererme, más que a la luna, que a las estrellas, y sin embargo...

sábado, 16 de octubre de 2010

Libros, cuñadas...



Hola a todas, chicas. Me alegro de que os guste la nueva apariencia del blog, dejando de lado manías aparte que algunas (yo incluida, día sí, día no) podamos tener con el rosa... más por la imagen que nos han creado de él que por lo que es, porque siendo sincera, es un color que siempre me ha parecido muy bonito en su justa medida.

Pero dejando de lado el tema de los colores, he de deciros que estoy contenta porque hoy pasé por el Cash Converters con mi novio y encontré algo genial. Quería echarle un vistazo a los libros que tenían, muy baratos por cierto, y esperaba encontrar algún ejemplar de "Las edades de Lulú", pero encontré algo mejor: "Yo vencí la anorexia", de Nieves Álvarez.

Como he comentado en alguna de las entradas anteriores, me gusta mucho leer libros, artículos o blogs sobre los desórdenes alimenticios, en parte porque es un tema que me toca desde cerca, y en parte también porque me interesan mucho los trastornos psicológicos en general. De hecho me habría gustado estudiar psiquiatría, pero para eso tendría que sacarme antes Medicina, así que en lugar de dedicarme a ello profesionalmente, me dedico a leer de vez en cuando cosas sobre el tema...

Pero bueno, que me voy por las ramas y si tal mis intereses sobre psiquiatría los dejo para otra entrada. A lo que voy es: el libro. ¿Alguna de vosotras lo ha leído? Es una muy buena edición, de RBA, en tapa dura, y con la foto de la modelo autora del libro en portada, guapísima por cierto. Lo devoré en unas 3 horitas, aunque como siempre estos cuentos me dejan un sabor agridulce, porque todos parecen terminar con un final feliz, y de hecho en este el título es bastante pretencioso (yo VENCÍ la anorexia, ¿seguro?)... y después lees que, vale, la tía volvió a comer, pero su dieta normal, la dieta "sana" de recuperación consiste en un "gran" desayuno de una tostada y un zumo, y a la hora de la comida una ensalada. Vale, no siguió bajando permanentemente, pero ¿curada al 100%? ¿y los altibajos? ¿y las recaídas? Porque en las fotos sale delgadísima. Algo así como cuando Cielo Latini hizo su campaña de Quiérete y salía en todo su escuálido esplendor después de estar supuestamente recuperada. Pero bueno, es lo que hay. Supongo que hay que proteger la intimidad, aparentar estar bien y a la vez transmitir algo de esperanza.

Ah, ¿sabéis qué?, al comprar el libro me hice el comentario interno de que de no ser porque sólo tengo un ejemplar de este libro y es mío, se lo regalaría a mi cuñada. Porque no os he contado que va diciendo por ahí todo el rato (y cuando digo todo el rato es que cada día que la veo lo dice varias veces, incluso a gente que no conoce), que es anoréxica, que es de poco comer, que bajó no sé cuánto, comida kilos kilos comida anorexia. Y siendo como soy y supongo que me conocéis un poco, no me molestaría que mi cuñada fuese anoréxica, obviamente, de hecho intentaría ayudarla, pero es que... ¡no lo es! No tiene ningún signo de enfermedad, y vamos, que si vas diciendo por ahí que eres anoréxica a todo el mundo lo más probable es que no lo seas y sólo lo hagas por llamar la atención. De verdad, me daría pena si no estuviese tan jodidamente enfadada.

jueves, 14 de octubre de 2010

Pretéritos presentes



Una noche como ésta, me siento lejana y traslúcida.

Cuando un día transcurre con normalidad es como si no hubiese pasado nada. Nada que contar, nada de lo que lamentarme, ¿por qué no alegrarme de ello? Sumergirme en el oscuro abismo de la monotonía y dejar el tiempo correr por mis venas como si nunca fuese a acabarse la vida es todo lo que espero de mí hoy.

Tengo ganas de lavarle la cara al blog, pintarlo de un color vivo, porque el marrón me está deprimiendo. Lo adoro como está, pero me aburro tan rápido de las cosas. Necesito una transformación, un blanco, un rosa, un verde... o es que el mapa de la esquina me recuerda que quiero viajar y no lo hago.

Tranquilidad. Respirar, cerrar los ojos.

Que todo se andará...

viernes, 8 de octubre de 2010

¿Como Pinochet?



Me gustaría decir que hoy he tenido una mañana muy intensa, pero comparada con las dos tardes-noches anteriores, ha sido un coñazo. El juicio, quiero decir, que se celebró hoy a eso de las 11 de la mañana (aunque estaba programado para las 10, ya sabéis... funcionarios).

Estuve esperando, sentada al lado del chico de seguridad que iba de testigo, durante una hora más o menos. Me dio ánimos, me dijo que me tranquilizara, me aconsejó antes del juicio e incluso después (en plan "habría sido mejor que dijeses X"), muy majo... creo que gracias a él las cosas no han salido mal hoy, porque cuando me quedé sola (tenía otro juicio antes que el mío, con otra chica) me empezó a temblar todo y la barriga me dolió horrores, ¡así de acojonada soy!

El caso es: después de la espera y de codearnos con gente de todo tipo (señoras, viejos yonkis, un tío que miraba muy fijamente y daba un mal rollo que te cagas, alguna chavalita, algún presunto maltratador) nos hicieron entrar. La sala de juicios no era grande, más bien era como una versión express de las de las pelis, y sólo estaba la jueza, la fiscal, y otra chica tomando notas aparte del segurata y yo. Primero declaró él, brevemente, cómo había detectado el hurto, y dijo que las prendas estaban en buen estado. Después me preguntaron si todo era cierto y dije que sí, y que tenía intención de no pagarlas. Me preguntaron mis ingresos (para saber qué multa me metían), y como eran demasiado bajos, me condenaron a una especie de arresto domiciliario en 5 días que elegiré yo según me convenga, no tienen que ser continuados, y básicamente consisten en quedarme en casa y de vez en cuando me llamarán o se presentará la poli a ver si estoy. Es decir, ¡castigada! Nos preguntaron si estábamos conformes con la sentencia, dijimos que sí y nos fuimos. Estuve preguntona, pero aun así no creo que hayamos estado allí ni 10 minutos... y menos mal.

Ahora mismo estoy en casa, me muero de sueño. Hoy me levanté muy mareada y con el estómago fatal, ayer incluso me dieron mareos fuertes. Cuando algo me estresa, me consumo, y la verdad es que me quedé sorprendida al ver que en un día y medio había bajado de golpe un kilo. No fue por la dieta, eso seguro, porque el día del robo me zampé un Mc Menú Big Mac (unas 900 y pico calorías), y aunque hasta el día siguiente no volví a comer nada más (mi estómago tenía una losa encima), después no me corté con el arroz, el Special K y las patatas. No me extraña que bajase de peso hace unos años de forma tan atroz, cuando vivía con mi padre y tenía problemas a diario con su novia, si mi metabolismo se dispara así cuando me pongo nerviosa.

Ah, que por cierto, mi padre (que os había dicho que se casó recientemente) se va de luna de miel durante un mes y algo, a Argentina. No me acordé de esto hasta hoy, y luego no entendí cómo, porque supongo que gran parte de mi histeria se debe a eso. Puede parecer estúpido, pero incluso me acojona que no vuelva, o que se encuentre a mi madre (que está allá por una historia que algún día os contaré), y me jode que la petarda de su novia, mujer o lo que sea, vaya a conocer a mi familia como si tal cosa. Aunque me sirve de consuelo la seguridad de que no le va a caer bien a nadie, porque no hay Dios que la aguante y esto ya no es subjetivo.

Joder, al final me he enrollado un montón, pero es que estoy muy aliviada. Y tengo que agradeceros infinitamente el apoyo que me habéis dado, tenía miedo de que mandaseis a la mierda, me llamaseis de todo, yo qué sé. Además, en estas dos noches de insomnio y nervios han sido vuestros blogs los que me han mantenido con la cabeza ocupada en otras cosas, me han refrescado las ideas (pensar 24 hs. en lo mismo es horrible), y me han ayudado con mensajes de ánimo y reflexión que aunque no fuesen dirigidos a mí, me los adjudiqué. Por eso y por estar ahí, gracias, gracias, gracias, infinitas gracias. Sois un encanto.

jueves, 7 de octubre de 2010

Miedo





No sé cómo de repente mi día se ha ido a la mierda. La he cagado, y me avergüenza infinitamente contar algo como esto, pero necesito desahogarme y creo que de todas las personas a las que podría decírselo, vosotras me entenderéis... o al menos eso espero.

No quiero entrar mucho en detalles, pero fui a una tienda de ropa hoy a mirar si algo me gustaba, tenía varias cosas apuntadas en la libreta de mi bolso pendientes de compra, pero acabé con un montón que probarme antes de darme cuenta. Entré a los vestidores y me probé varias camisetas, un par de pantalones y alguna cosa más.

De repente me sudaban las manos y empecé a arrancar las etiquetas de las camisetas compulsivamente, a meterlas en mi bolso, a sentir cómo latía mi corazón a toda máquina mientras pensaba que estaba robando. Y cabe destacar que en mi vida sólo le he robado a mi madre alguna vez un par de monedas para alguna golosina. Por un momento me sentía como si estuviese dándome un atracón, cogiéndolo todo, ropa que ni siquiera me gustaba, todo lo que cabía, lo guardé. Estaba histérica y muy acojonada, pero lo estaba haciendo y sin saber por qué, estaba saliendo mecánicamente de los probadores con el bolso petado de camisetas, obviamente el chico de seguridad se dio cuenta y yo me sentí como se debió haber sentido Winona Ryder cuando la pillaron.

Acabé en una sala con una mesa grande, con mi bolso siendo escudriñado, con el segurata y la encargada sacando conclusiones como que yo formaba parte de una red organizada, y que incluso la ropa que llevaba era robada porque le había cortado las etiquetas (toda mi vida lo he hecho, me pican y me hacen daño), que el pintalabios de mi bolso, el boli eran robados, que lo que estaba escrito en la libreta era mi lista de cosas por robar para unos terceros.

Yo no sabía dónde meterme, porque no entendía qué cojones había pasado, no entendía en qué clase de pesadilla estaba inmersa, pero quería despertarme, porque nunca he sido una ladrona. Lloré sin quererlo, lloré mucho, y les juré y perjuré todo lo que pude que no había robado nada de lo que llevaba, que no me dedicaba a ello, que lo que había robado era lo que ellos habían encontrado en mi bolso y punto, que las tijeritas portables que llevaba no eran para robar a menudo, ¡que ni siquiera había cortado las etiquetas, las había arrancado! Colaboré en todo lo que pude, de hecho creo que fueron condescendientes conmigo: la encargada me trajo un pañuelo, el chaval y ella me pidieron que me tranquilizara y me aseguraron que no me pasaría nada, incluso la policía me trató bien y el ambiente acabó relajándose.

Salí de allí con una orden de juicio rápido este viernes, que consistirá en yo+juez+segurata como testigo, en el que me echarán una bronca veloz y se me sancionará con una multa que me han dicho será pequeña, porque es la primera vez y porque el robo no llegaba a los 120 euros. Que no me hará expediente, que proscribe en un año, que es un hurto, ni siquiera tiene la categoría de delito...

Pero no puedo dormir. Me siento terriblemente mal, me siento la peor mierda del mundo y ni siquiera sé por qué hice lo que hice. Simplemente fue así, y ojalá pudiera volver el tiempo atrás, pero no puedo, así que sólo me queda echarle huevos y hacer como que no ha pasado nada. Cómo me cuesta. Estoy desesperada, tengo el pecho lleno de plomo, las manos temblando todo el tiempo, una culpabilidad inmensa, una paranoia descomunal. Aunque legalmente no vaya a pasar nada, yo no puedo conmigo, tengo pánico y me duele mucho haber hecho algo así.

¿De verdad estoy tan mal? ¿me estoy descarriando? ¿tengo alma de oveja negra, de yonki, de cleptómana, de anoréxica?

¿Qué cojones estoy haciendo conmigo?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Día gris




Es miércoles y llueve, pero no voy a cerrar la ventana todavía. Quizá el sonido de la lluvia me reviva un poco, el olor a tierra mojada me espabile o mate mi hambre y mi aburrimiento.

Es miércoles y llueve, y no tengo ganas de hacer nada. He intentado dibujar, me he peleado con la tableta gráfica y he conseguido exprimir tres bocetos que deberían haber sido dibujos completos hace tiempo, pero que nunca quiero hacer. Hace años que no dibujo por gusto, y hay pocas cosas que odie más que dibujar por obligación. Sinceramente, creo que me pasé tantísimos años de mi vida dibujando que acabé hasta los cojones del tema, pero no estoy muy segura y la verdad es que me da pena no seguir con algo que, modestia aparte, se me da tan bien.

Es miércoles y llueve, y además hoy ha habido huelga nacional. Quizá es que yo también estoy en huelga y no lo sé, porque la verdad, si tenía que hacer algo, hoy se me olvidó. Se me olvidó cargar el móvil, se me olvidó ducharme, se me olvidó pasar hambre y no comer como una foca. Tengo al lado un tazón de cereales y pienso comérmelo, aunque después me sienta culpable, porque hoy es huelga y mi dieta necesita un descanso, o yo lo necesito.

Es miércoles y llueve, y me apetece seguir leyendo, pero en el fondo estoy cansada. "Sinuhé el egipcio" es una gran novela, y sin embargo me apetece ponerme a jugar a los Sims 3 Trotamundos. Así de triste es mi vida a veces.

Es miércoles y llueve, y ni ganas tengo de escribir. Espero que todos estéis lo mejor posible, o lo menos mal. Me pasaré por vuestros blogs, que hace mucho que no lo hago, si no hoy, mañana, porque creo que hoy no tengo nada interesante que decir ni nada bueno que aportaros.

Un beso a todos, os quiero.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Desnuda





"Es tan difícil no juzgarme a mí misma y decir simplemente, que quería curarme, que sabía muy bien que estaba enferma pero que había algo inexplicable que era más fuerte que yo. No, no era odio hacia mí misma. Era algo que no comprendía y no podía explicar con palabras. Una especie de negación del cuerpo, tomado por la fuerza, para mí. Una fuerza mayor y más fuerte que yo, en algún lugar dentro de mí donde yo no tenía acceso."

Moïra Müller
"Crónica de una anorexia"


Leí esta novela hace unos meses, cuando empecé a interesarme por el tema de la anorexia. Fue por allá en febrero o marzo que leí un par de libros, vi varios documentales, leí cierta cantidad de blogs, todo mientras seguía (algo más que) estrictamente la primera dieta de mi vida.

En aquel momento pesaba 65 kgs., midiendo 1,65 m. de altura. Menos de dos meses más tarde me levanté y me pesé como de costumbre (me pesaba unas 5 o 6 veces al día), y me di cuenta de que había alcanzado mi primera meta: los 55 kgs. Unos segundos más tarde, me dije que probablemente los 50 kgs. me sentasen mejor, y decidí que los quería, que los necesitaba.

Sin embargo, un cúmulo de circunstancias (que obviamente me llenaron de rabia y frustración) sólo me permitieron bajar hasta los 54 kgs, una y otra vez, oscilando entre 55 y 54 durante lo que a mí me pareció una eternidad. Así que, viendo el panorama, tuve que posponerlo.

Estamos a 23 de septiembre y peso 52,7 kgs. Llevo unas tres o cuatro semanas de "régimen". No hago ayuno completo, nunca lo he hecho y no quiero hacerlo porque sé que sería el paso más caro de mi vida. Como poco, lo menos posible, considerando mis problemas de estómago crónicos y concretamente lo molestos que están siendo desde navidades.

A estas alturas no considero que esté enferma de anorexia, ni quiero estarlo, pero soy consciente del peligro que conlleva mi personalidad, mi poco amor propio, mi terquedad y mi demasiado estricto sentido de la belleza. Por eso he leído esos libros, visto esos documentales, leído esos blogs. Porque tengo miedo, porque quiero advertirme, porque quiero protegerme todo lo posible y así con suerte escapar al abismo oscuro que me espera a mi izquierda.

Sólo quiero deciros que os entiendo, que os apoyo, pero que quiero sobre todo que os cuidéis. Que ojalá pudiésemos vernos tan hermosas como somos con un peso saludable y no con la cara de muertas que se nos pone al estar delgadas y desnutridas. Que ojalá la báscula no durmiese debajo de nuestras camas, haciéndonos tener pesadillas, que sus números no significasen ni triunfo ni fracaso, porque no son indicadores de nada real.

En mis momentos de lucidez me saco una foto y veo que en mi cara hay unos pómulos demasiado marcados y unas ojeras demasiado negras; en mis momentos de lucidez considero terrible que no pueda comer hasta saciarme sin sentirme culpable ni una sola vez.

En mis momentos de lucidez, sobre todo, me acuerdo de vosotras y deseo daros a todas un abrazo y deciros lo increíbles y preciosas que sois.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Catarsis






Catarsis
(Del gr. κάθαρσις, purga, purificación)
1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.


Sería erróneo decir que fumar me tranquiliza cuando estoy de muy mala leche; cuando estoy de tan mal humor como para encender un cigarrillo por ello, una tontería como ésa no es suficiente para tranquilizarme realmente. Sin embargo es un ritual que llevo a cabo siempre que puedo, desde hace unos años, desde que una noche mi padre, después de prometerme algo no lo cumplió y yo me fumé un pitillo a escondidas, fuera de mi casa, en medio de la soledad que puede haber en una parada de autobús en medio de la nada a las 3 o 4 de la noche.

No sé si es puramente psicológico o tiene que ver directamente con la nicotina o con el humo que me marea y adormece, pero si no consigo un pitillo en este estado me subo por las paredes. Y si lo consigo, lo enciendo y me lo acabo en unas pocas caladas, ansiosa y compulsiva como soy, desesperada porque esconda mis problemas. Lo cierto es que después, con suerte, consigo dormir, o sino al menos me he quitado el mono aunque no haya servido para nada.

Me figuro que habréis imaginado que en este momento me estoy fumando un pitillo mientras escribo esta entrada, así que estoy haciendo una doble catarsis. Por un lado, el hecho de escribir en este blog es una purificación en sí misma, por otro, al tener que teclear con las dos manos consumo el cigarrillo más lentamente.

Y he mencionado a mi padre antes no del todo superficialmente, pues he hablado de su promesa y su incumplimiento, cosa que durante mi vida he sufrido muchas veces. De pequeña, no había cosa que me doliera más que crearme las esperanzas de hacer algo, cualquier cosa, que él me prometiese y al día acordado no cumpliera. Me lo ha hecho muchas veces, y lo sigue haciendo, aunque menos, quizá porque no trato tanto con él como antes, pero es algo que creo jamás superaré y que me seguirá jodiendo hasta el fin de mis días (como la mayoría de mis traumas, que supongo tienen que ver con cosas que él haya hecho, o no hecho, o dicho, o etcétera).

No, esta vez no ha sido mi padre, ha sido mi novio. Él a veces también tiene esa costumbre, es un tío muy disperso y algunas veces se nos han cancelado planes porque le surgió otra cosa, se prolongó demasiado un trabajo porque quería acabarlo ese día, o porque alguien se presentó con otra cosa, o porque es muy tarde y te pongo una excusa porque en realidad no tengo ganas. Hoy me aseguró que iríamos a pasear, y a cenar un kebap, y al final se lió con otras historias y al principio se canceló sólo la cena, y después eran las 4 de la mañana y yo seguía esperando como una gilipollas para dar ese paseo.

Quizá todo el mundo lo hace, quizá soy la única obsesa de mierda que no aguanta una tontería por el estilo y le doy demasiada importancia porque soy una puta traumatizada de la vida, pero lo siento, simplemente no puedo soportarlo. No llevo nada bien las decepciones, no llevo nada bien que me aseguren que voy a tener algo y luego por cualquier estupidez de repente no lo tenga. Si no me lo vas a dar, no me lo prometas, no me hagas tener esperanzas, perder el tiempo, llorar de rabia, fumarme un pitillo que no sirve para nada.

No lo hagas, por favor. Me duele inmensamente.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Optimismo




Buenas noches, queridas niñas. Tengo ganas de escribir algo, aunque no esté muy inspirada (será que hoy he tenido un buen día). ¿No os pasa que cuando las cosas salen bien, o de momento se estabilizan, no se os ocurre sobre qué hablar? A mí sí, y siempre me ha pasado. Creo que se me da mejor quejarme que escribir entradas contando lo tranquila que estoy.

Hoy me he levantado a regañadientes, eso sí, porque tenía que ir a buscar una carta certificada a Correos. Comí (más de lo que habría querido, pero es lo de siempre) y después me fui a El Corte Inglés, por donde hacía años no me pasaba. Tenía curiosidad por probar unos Levi's que salieron ahora, hechos según parece para cada tipo de mujer (con cuerpo recto, con curvas ligeras, con curvas pronunciadas...), y además te regalaban una shopping bag por probarlos.

Bien, supongo que el detalle de que la dependienta me preguntase mi talla y al verme dudar me dijese "la 36" me alegró muchísimo el día, y me alegró más que me fuesen los pantalones. Eso sí, no me parecieron milagrosos y de hecho me compré unos en Pull And Bear que me gustaron mucho más y valían 17 euros en lugar de 89. Al llegar a casa me he puesto a leer y he terminado el libro que tenía abandonado por cuestiones de fuerza mayor, "Azteca", de Gary Jennings... me ha gustado bastante y sobre todo me ha quitado ese mono horrible de leer cosas sobre los aztecas, que os confieso adoro desde que soy pequeña, tanto como los egipcios.

Por quejarme de algo os diré que tengo unas ampollas insoportables en los pies por culpa de ponerme unos zapatos de tacón... no suelo usarlos, pero es que me interesaba ver los vaqueros puestos con el calzado más favorecedor. Y si tal también me quejaré de que tengo a mi famosa cuñada en la sala en este momento, pero la verdad, hoy me importa poco lo que pese o lo que deje de pesar, sobre todo porque sé que yo estoy más delgada y eso, de forma retorcida y enfermiza, me calma los ánimos.

Mañana me toca madrugar para cambiar el médico de cabecera a uno mejor que la imbécil que tenía y que ignora mi gastritis (¡que llevo arrastrando desde hace como un año!), y a ver si me da tiempo y me paso también por el Inem, que me quiero apuntar en alguno de estos cursillos remunerados para gente en paro. Nunca tuve suerte, pero por intentarlo...

Estoy más optimista de lo normal estos días, seguramente llevaré encima un puestazo de hormonas, porque la regla me bajó dos veces este mes y tal... Aprovechando este buen humor, seguiré comiendo como un pajarito mientras pueda y quizá, si la suerte está de mi lado, alcance mi lejana meta de 50 kgs. No es tan fácil bajar de 63 a 60 como de 53 a 50, así que a echarle ganas y sobre todo mucha paciencia.

Venga, os dejo, que ya aburro, y me pongo con vuestros blogs. Un beso a todas...

martes, 14 de septiembre de 2010

Sin título




Desde este jueves he estado incomunicada, sin Internet, lejos del blog y de la gente que me rodea en este mundo nuevo que poco a poco se abre para mí como una flor.

Creí que cuando volviese del retiro me sentiría con ganas de escribir, pero la verdad es que tengo sentimientos muy contradictorios y de momento no podría plasmarlos. Quizá dentro de unas horas, quizá mañana, encuentre el valor para escribir sobre ellos o la entereza para descifrarlos, pero no os prometo nada.

Eso sí, si hay algo que tengo claro es que echaré de menos a una gran persona que a lo mejor ha desaparecido. No puedo contestarle por Facebook porque no tengo forma, y el blog parece haber sido eliminado, pero espero que si me lee entienda que aunque no estoy cerca ni soy la madre Teresa, me preocupo porque esté bien. Espero de corazón que lo esté, que no haya pasado nada y que esto sea sólo un descanso por los malos ratos pasados estos días. Que sepa que si quiere hablar sabe en donde estoy y que para mí será siempre un placer leerle, porque le considero un hombre maravilloso y lleno de virtudes que aunque él no pueda ver, están ahí. Que me ha ayudado mucho y aunque no esté aquí para animarme, recordaré sus palabras y me imaginaré que estará al otro lado tirando de la cuerda para que yo me sienta mejor.

José, si me lees y no vuelves, que sepas que te echaré de menos mucho. Siempre te recordaré con el cariño que mereces.

martes, 7 de septiembre de 2010

Confieso que...




...si hay una persona que literalmente me enferma, es la hermana de mi novio. Y cuando digo que me "enferma" no me refiero a que la odie, a que la considere una persona terrible o a que se dedique a hacerme la vida imposible. Tiene sus cosas, como todo el mundo, pero resultas que "sus cosas" y las mías no son nada compatibles.

La hermana de mi novio es una tía tan aparentemente segura de sí misma que apabulla a todo el mundo a su alrededor. O lo que es lo mismo, tiene un complejo de inseguridad tan grande que intenta pisotear a todo el mundo a su alrededor cada vez que abre la boca, y creedme, habla muchísimo.

Si tú haces algo, ella dice que lo hace mejor. Si tú te compras algo, ella se ha comprado algo más bonito. Si a ti se te ocurre, un día, considerarte buena escritora, ella ganaba concursos de redacción hace años en la ESO. Y así con todo lo que se te ocurra comentar, y que para ti sea un pequeño logro.

Por supuesto, todo esto no me importaría si yo tuviese un mínimo de amor propio... pero no lo tengo, de modo que cada vez que la veo me pongo a la defensiva y hablo lo menos posible. ¿Para qué, si cualquier cosa que diga, ella lo va a hacer mejor, su vida va a estar llena de colores y de sabores y de gente increíble, de anécdotas, de cosas preciosas? Según ella, claro, y aunque la verdad de su vida es otra no puedes evitar sentirte mal.

Anteayer la vi, y esa noche lloré y lloré de desesperación porque no aguanté sus comentarios sobre lo buena que está o sobre los kilos que bajó. Lloré tanto que exploté, y le confesé a mi novio todo lo que se me estaba pasando por la cabeza, y sobre todas las cosas el miedo que me da juntarme con ella, porque siempre que la veo me siento atrapada dentro de mi falta de autoestima y sobre todo dentro de mi ropa, como si de repente se hubiesen encogido dos tallas. Y no sólo eso, le he confesado que siento pánico a engordar, a comer, a acabar metida en la anorexia antes de poder remediarlo o que todo esto se quede simplemente en el complejo terrible que ha sido siempre para mí.

Confesar algo así ha sido una sensación agridulce: por un lado, me desahogué y me gusta que mi novio esté ahí para escucharme y ayudarme, y en el fondo quiero que me proteja de esto. Por otro lado, mi secreto ha sido en parte profanado y también temo que por culpa de ello no me deje adelgazar más y tenga que empezar con el juego de las mentiras. Espero que mi parte racional tire más fuerte, pero no puedo estar segura.

Ayer también vi a mi cuñada, y hoy. Sigo encerrada en la habitación escribiendo esto mientras la oigo hablar en la cocina, y casi no me atrevo a salir. Me he probado como diez pantalones y en todos me veo con demasiada carne, no sé qué ponerme. Hoy iba a ser un día tranquilo y de catarsis, pero ha venido sin avisar y me lo ha echado por los suelos. Quiero competir, quiero ganar y quiero que sus palabras no me aten un corsé en el que no quepo... pero para eso, tengo que seguir sin comer durante unos cuantos días más.



PD: Siento tener que moderar los comentarios, pero se ha pasado por aquí gentuza que no vale nada. Están enfadados porque me parece justo defender a Jose, un señor que se pasa por nuestros blogs bastante seguido y siempre deja comentarios muy amables, nos da ánimo y se porta muy bien con nosotras. Seguro que sabéis de quién hablo.

En cuanto a esta escoria humana, que es lo que sois, putos trolls de mierda, con vuestros comentarios me limpio el culo después de cagar. Me da igual lo que digais, os conozco bien: si os dedicáis a dejar comentarios estúpidos a la gente en su blog sólo por joder, es que tenéis menos vida que mi cuñada :). Si os creéis tan especiales, tan poseedores de la verdad absoluta y con tantos huevos... venga, haceros un blog dedicado a hablar mal de la gente, uno por uno, etiquetadnos si queréis (y si sabéis), y que nos lleguen los avisos de vuestras publicaciones para que las leamos y os dejemos comentarios a vosotros también.

Venga, que sois una pandilla de subnormales profundos. Compraros una vida y no manchéis los blogs de la gente con vuestros comentarios mugrientos.

Que os jodan.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Caminos




Estoy sentada delante del ordenador, pero no veo bien: me pican los ojos, son como dos pelotas de ping pong salpicadas de venitas rojas y húmedas de lágrimas. A mi izquierda, se quedó abierto el libro de Psicología que intentaba estudiar. Parece como si me hablara, se riera de mí y me preguntase por qué no lo estoy leyendo si el examen es dentro de unas horas. Me llama fracasada, inútil y absurda, todo eso y más, un puto libro de mierda.

Acabo de tener una de esas iluminaciones, después de semanas sin poder sentarme a estudiar, por una cosa o por otra, y a pocas horas de tener que correr a coger el trenecito que me llevará a la gillotina de septiembre. Quizá porque de repente ninguna sección de la Uned quiere funcionar para mí y dejarme entrar a los foros de consulta de las asignaturas, siquiera enseñarme el estado de mi matrícula o mis datos personales, o porque se han acumulado MUCHAS putadas de este tipo en los últimos dos años que llevo intentando sacarme el primer año de carrera sin éxito, por falta de dinero, por falta de la puta beca, por falta de suerte, por exceso de caras duras.

No sé por qué, o sí, pero el caso es que de repente me he parado y me he dicho: ¿realmente quieres estudiar?

Me gusta mucho la carrera en el sentido de que me parece interesante, pero ¿realmente he sido hecha para esto? Sé hacer muchas otras cosas, mis favoritas son dibujar y escribir, y me empeño en estudiar esta carrera porque sí, porque me entretiene un poco, cuando ni siquiera pienso dedicarme a ser psicóloga en el futuro. Lo hago por inercia, por orgullo, por ese yo qué sé que me dice "sigue, sigue, aunque todo esté en tu contra, sigue"... pero la verdad es que estoy luchando por algo que ni siquiera sé si quiero tener.

Me siento fatal por haber perdido el tiempo, me siento la peor mierda por tener 20 años y no saber cómo empezar mi vida. Me acuerdo del yonqui que vino a casa hace como un año y me dijo, después de que le diera un euro por un calendario, que la asignatura más difícil de cursar era la vida... obviamente le di la razón, y esa reflexión no cambió mi vida porque supongo que me resultaba evidente, pero ahora que pienso en todas estas cosas no puedo evitar acordarme del yonqui en rehabilitación y sonreír por dentro.

Creo que acabo de decidir que no me voy a matricular este año, aunque "todo el mundo lo haga", porque yo no soy todo el mundo y no tengo por qué estudiar en este momento, esta carrera. Porque me puedo dedicar a algo que me ayude en lugar de darme tantos disgustos, porque ¿quién dice cómo tengo yo que buscarme la vida? Si al final todo el mundo tiene su carrera y después los ves, según su suerte o su enchufe, de cajera en un supermercado o trabajando para su papi cobrando 2000 euros al mes siendo auxiliar de enfermería.

La vida está para vivirla, si me cuadra para estudiar, si no, a coger otro desvío. Que los caminos del Señor son inescrutables, dicen, y aunque yo no creo en el Señor, sí creo en los Caminos.