viernes, 18 de febrero de 2011

X


No sé si estoy de vuelta. Llevo semanas enferma, de forma intermitente, y por una cosa o por otra no me doy curado. Estoy tomando un complemento vitamínico todos los días, pero qué queréis que os diga, no sé si sirve para algo o no... aunque bueno, por intentarlo no pierdo nada.

Todos los días pienso en pasarme por el blog y saber como estáis, y todos los días, inmediatamente, reniego de ello. No me malinterpretéis: no reniego de vosotras, creo que sabéis que a todas os tengo cariño, pero no me siento fuerte ni capaz de pasarme por aquí tan seguido como antes. Supongo que no tengo que dar explicaciones, que ya lo entendéis bien. Que os ha pasado alguna que otra vez y que volver es muy duro. La cuestión es... ¿quiero volver? ¿para qué quiero volver? ¿que pretendo conseguir realmente con este blog?

Bien, me gustaría saberlo.

Espero que a vosotras os esté yendo mejor, no podré leer todas las entradas que me he perdido, pero intentaré ponerme al día si mi humor me lo permite. No prometo dejar comentarios en cada cosa que lea, pero sí prometo daros unos ojos que los lean, que se interesan por lo que les estáis contando. En el fondo, siempre estoy ahí.

Un beso.

miércoles, 26 de enero de 2011

Miedos extravagantes


Quizá a muchos os parezca un miedo extraño y retorcido, pero es cierto: me da un miedo terrible vomitar. Es una fobia que tengo desde hace años, no sé exactamente por qué, pero lo paso fatal cada vez que me doy cuenta de que algo me sentó mal y que acabaré con la cabeza en el wáter. Desde que lo descubro hasta que por fin vomito suelen pasar horas de mucho dolor de estómago y una completa incapacidad para provocarme el vómito, de la paranoia que me da. Es como si mi parte racional dijese "sí, échalo, que luego te encontrarás mejor" pero mi cuerpo tensase todos los músculos y cerrase el esófago, bloqueando la salida. Incluso cuando me dan las arcadas, mi cuerpo las bloquea, es una pasada.

La cuestión es que estos días algo me sentó mal y me dio uno de los peores chungos de mi vida (obviando el episodio de la intoxicación alimentaria). Me pasé toda la noche, después de haber pasado el calvario de horas y horas para conseguir vomitar un poco, yendo al baño a contrarreloj para no desmayarme por el camino. La mitad de veces tenía que bajarme del retrete casi a rastras y acostarme en el suelo del baño con las piernas hacia arriba, para ver si me subía la tensión y podía dejar de ver manchas negras por todas partes.

Ahora ya estoy bastante mejor, pero me pasé casi 48 hs. sin poder comer nada, a base de agua y dormir. Hoy conseguí comer algo de arroz blanco y bebí mucho Acuarius, con lo cual tengo un mejor aspecto y andar de la habitación al baño ya no hace que me fallen las piernas y tenga que acostarme en donde me cuadre.

Por otro lado, como dije en la entrada anterior, me cuesta volver al blog. He estado muy desconectada todas las Navidades y al volver fue como una hostia en toda la cara. No me había preocupado más que el mínimo por la comida esos días (únicamente prohibiéndome picar entre horas o beber refrescos con azúcar -a excepción de Red Bull-, mis básicos), y al volver y abrir un par de blogs no me sentí lo suficientemente fuerte para enfrentarme... a mí misma. Me sentí culpable, ni más ni menos, por no haber seguido a régimen, y eso que gracias a mi bendito metabolismo no subí de peso, comiendo con normalidad.

Creo que tener este blog es un arma de doble filo, que me levanta en algunos momentos y saca lo peor de mí en otros, dependiendo de para qué cosas. Lo que sí me queda claro es que al estar tan alejada de él me di cuenta de que el cuchillo está afilado y que tengo que tener cuidado de no cortarme.

De momento, confío en mí y en que si sigo mirando 20 veces antes de cruzar la calle, no me atropellará ningún desorden alimenticio.

miércoles, 12 de enero de 2011

He (casi) vuelto



Me parece que esta vez he batido el récord de des-actualización de mi blog, si es que algo así existe. En unos pocos días se cumpliría el mes de silencio, el mes de mi cabeza sumergida en agua tibia de catarsis y algo de reflexión, aunque probablemente no la suficiente. Nunca es suficiente.

Antes de marcharme a algo así como mi versión particular de los Mundos de Coraline durante todos estos días, tenía pensado subir fotos del outfit de Noche Vieja para que me dieseis vuestra opinión, pero no creí que me fuese a quedar sin tiempo. Es decir, de repente se me vino encima el día 22 de diciembre y ya no tenía ni un minuto para nada: había que marcharse, comprar regalos, ir a cumpleaños, a cenas familiares, a casas de gente... no tuve ocasión para probarme el vestido siquiera en esos días antes y hacer un ensayo, más que el día 27 ó 28 (no me acuerdo cuál) con unas amigas. Y ni saqué fotos en ese momento, ni tampoco tuve conexión a Internet durante semanas, así que... en fin, no pudo ser. De todas formas, os subiré alguna foto de las de la noche de Fin de Año, pero por favor, dejad que pasen algunos días, no quiero hacerlo ahora. Llamadme paranoica pero de momento no me atrevo.

Como dato curioso os comento que prácticamente no me he pesado en todo este tiempo, y digo lo de "prácticamente" porque no pude evitar hacerlo para cerciorarme de que no había engordado. La parte buena es que creo que, como mucho, me habré pesado unas cinco veces en un mes. Aunque no llegué a los 50 kgs. para la noche de la fiesta, rondaría el 51,5 o un poquito menos, así que me doy por satisfecha. La prisa nunca ha sido mi aliada y con esto menos, así que lo que me queda intentaré bajarlo con calma para que no se me vaya demasiado la pinza y no me tenga que volver loca si un día como demasiado chocolate.

¿Sabéis qué?, tengo que hacerme una lista de propósitos para este año. Nunca he hecho ninguna, no me gusta nada planificar las cosas, pero este aislamiento me ha hecho pensar y me he dado cuenta de que muchas veces se me olvida lo más importante, se me olvida hacer cosas realmente productivas, cosas que necesito para encaminar mi vida hacia algún sitio. Os he contado que llevo todo el 2010 poniéndome pequeñas metas y superándome, sobre todo con temas con los que nunca me había atrevido, pero aparte de estas pequeñas cosas, y ya que me ha salido bien trabajar en ellas, me parece que me toca ponerme las pilas nuevamente con mis proyectos olvidados, mis dibujos, mis novelas. También me toca preocuparme por mi salud, he ido al dentista pero eso fue sólo el comienzo, ahora también tengo que tratar mis problemas de estómago, o al menos contarle lo que me pasa a un médico que me haga caso. ¿Qué más...? Ah, sí, mis estudios. Estoy planificando estudiar un ciclo superior de algo que os sorprendería probablemente, ¿se os ocurre qué puede ser?

Me apetece cortarme el pelo, comprarme un LBD (o su variante LWD, el pequeño vestido blanco, o ambos si fuese posible), conseguir una sombra de ojos verde lo suficientemente brillante y llamativa como para echármela y no decepcionarme por ser demasiado suave. Me apetece estrenar todos los colores de esmaltes de uñas que me compré, me apetece que salga el sol, me apetece vivir y tengo miedo de que el tiempo se me acabe por sorpresa. Tengo un miedo terrible. Y, oh, hoy es mi primer día de regla, pero no me duele mucho.

Creo que voy a seguir viendo Gossip Girl hasta que me entre el sueño.

Edito: Joder, me siento fatal. Llevo casi una hora intentando contestaros a todas en vuestros blogs pero me parece que no podré hacerlo. No me siento bien. He estado alejada de este blog tanto tiempo que volver me ha sentado como una patada en los riñones. No puedo leer nada sobre intakes, básculas o ayunos ahora mismo. Creí que sabría encajarlo mejor, pero será cosa de la regla...

lunes, 20 de diciembre de 2010

Lamentos y reflexiones de una gordita renegada


Me pasó algo curioso hace unas semanas. Como siempre que veo a una parte de mi familia (con la que me llevo muy bien, y no es sarcasmo) salió a flote el tema de que había bajado mucho, de que estaba muy delgada, de que si usaba la talla 36.

Eso derivó a: "entonces no usabas la 40 por complexión, la usabas porque estabas gordita", y eso derivó, cuando la cosa ya se pasó de mambo, a recuerdos de "la única forma de hacerte llorar cuando éramos pequeños era llamarte gorda", y eso derivó a "qué gorda estabas, gorda gorda gorda", cosa que yo corté diciendo algo como "al menos lo mío es el pasado, no mi proyección de futuro", repartiendo para quien se diese por aludido, y ahí se pasó a otro tema.

Obviamente a nadie le importó una mierda esa conversación, supongo que no lo estaban haciendo por lastimarme, porque objetivamente nunca he estado gorda, sino más bien rellenita en algún momento (usar una talla 40 si mides 1'65 no es ser una bola), así que nadie lo ve como un insulto. Salvo yo, claro. Cuando todo el mundo ya se había olvidado del tema, yo seguía aguantándome las ganas de llorar. Creo que llevaba años sin sentirme tan atacada (porque yo desde mi poca autoestima lo sentí todo como un ataque), me sentí la última mierda del mundo y la verdad es que me sentí igual de gorda ahora con 51 kilos que entonces, a los 9 años, a los 13, a los 16.

No tolero nada bien las críticas, mucho menos las burlas, las más tontas, aunque sean bien intencionadas. Sé de sobra que lo que se cuece allí no es burla, es preocupación, que media hora después alguien me estaba mirando con cara de espanto porque se me ven los huesos de la cadera y me decía "estás demasiado delgada". Casualmente el mismo que me llamaba gorda cuando ambos éramos pequeños.

Lo que sí me ha quedado claro es que no puedo, bajo ningún concepto, dejarme llevar como antes. Y no porque no se rían de mí, porque está claro que reírse, se reirían igual con cualquier otra cosa, o incluso recordando el pasado, sino porque al menos ahora, aunque mi primer impulso sea sentirme fatal y obesa, me queda la parte racional que me dice "eh, que no es cierto". Si engordase, esa vocecita desaparecería, porque realmente estaría gorda, y entonces no habría consuelo. No sé si esto tiene sentido, pero vamos, que no puede ser. O aprendo a quererme más o a controlarme, y se me da mejor lo segundo, porque lo primero lo veo bastante imposible.

En cuanto a la entrada anterior... bueno, nada nuevo. Simplemente me pasé la semana comiendo como una desgraciada, mi culo se convirtió en un cementerio de alfajores y chocolatinas, y esa noche cené muchísimo, con lo cual me acojoné, me llamé de todo, me odié, escribí la entrada, me lamí las heridas y me fui a dormir. Afortunadamente ya lo he arreglado y vuelvo a pesar 51,3. Si consigo no beber refrescos estos días (cosa que me parece absurdamente difícil) a lo mejor hasta me deshincho un poco y consigo ver el glorioso 50, quién sabe.